TIJUANA, 19 MAYO 2026.— El albergue Assabil, en la Zona Centro, aloja a 85 personas migrantes, 95 % hombres solos originarios de Somalia, Togo, Ghana y Etiopía, que quedaron varadas cuando sus trámites de asilo en Estados Unidos se detuvieron. Angie, directora del centro, advierte que el espacio masculino está prácticamente saturado y solo queda cupo para mujeres.
Los usuarios llegan tras meses, incluso más de un año, en Tapachula, Tabasco y Ciudad de México. Ante el cierre norteamericano, ahora intentan regular su estancia en México mediante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).
Por primera vez, el flujo incluye mujeres jóvenes sin acompañante. Angie relata que muchas presentan heridas de golpes y cuchillos producto de violencia familiar y matrimonios forzados. “Vienen muy maltratadas; las obligan a casarse en contra de su voluntad. Es su cultura, no su religión”, subraya.
Las razones para migrar, según los propios residentes, son el temor a represalias políticas y la imposibilidad de expresar disidencia en sus países. “No pueden hablar ni decir nada; se sienten amenazados de muerte”, resume la directora.

Pese a la barrera idiomática, los africanos refieren haber sido bien recibidos por la población local. “México les apoya; a señas la gente les ayuda”, indica Angie, aunque reconoce incidentes aislados con policías municipales.
El albergue depende de donaciones privadas y voluntariado. Autoridades locales no han ampliado apoyos pese al incremento de la demanda, denuncia la organización.
Con el proceso de asilo en EE.UU. virtualmente congelado, Assabil se ha convertido en punto clave para quienes ven en México su única opción de protección internacional.
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