Internacional Asia Japón El bullying y el suicidio juvenil se convierten en emergencia nacional en Japón El absentismo y las acusaciones de encubrimiento sacuden escuelas y administraciones ante una tendencia al alza Traducción no verificada Llegir en Català Read in English Dos alumnos japoneses con una mochila 'randoseru'. Getty Josep Solano 31/05/2026 Tokio Durante años Kazui Sato explicó sin éxito qué le pasaba en el instituto. Algunos compañeros le disparaban con una pistola de aire comprimido, le rociaban insecticida en la cara e incluso llegaron a amenazarle con un cuchillo. También le extorsionaron cientos de miles de yenes.
Pero la escuela redujo aquellos episodios a simples "bromas" entre adolescentes. Japón ha necesitado catorce años de procesos judiciales para que una investigación independiente reconozca oficialmente que Sato fue víctima de un caso grave de acoso. Hoy tiene 26 años, continúa necesitando tratamiento psicológico y apenas sale solo de casa. El caso ha vuelto a poner el foco sobre una crisis que hace años que crece en silencio en Japón: la dificultad de muchas víctimas para recuperar una vida normal después de sufrir violencia y aislamiento dentro del sistema educativo. Durante el último curso académico, el ministerio de Educación japonés registró casi 770.

000 casos de acoso escolar –la cifra más alta desde que existen estadísticas oficiales– en paralelo a un aumento sostenido de los suicidios juveniles, el absentismo prolongado y las denuncias contra centros acusados de haber minimizado u ocultado agresiones. El reconocimiento oficial del caso de Kazui Sato ha reabierto un debate incómodo sobre el funcionamiento interno de muchas escuelas del país. Aunque el fenómeno del ijime –el término japonés para referirse al acoso escolar– hace décadas que preocupa a familias y expertos, cada vez hay más voces que denuncian la dificultad estructural del sistema educativo para afrontar estos casos de manera transparente.
La presión por preservar la reputación de los centros, evitar conflictos abiertos y mantener la armonía dentro del aula hace que muchas denuncias acaben diluidas en procesos internos poco claros o directamente reducidas a incidentes menores entre estudiantes. Las cifras reflejan también hasta qué punto el problema ha dejado de ser marginal. Al récord histórico de casos de acoso se añade otro dato preocupante: cerca de 354. 000 alumnos faltaron a clase durante más de un mes por motivos relacionados con ansiedad, miedo o problemas psicológicos vinculados al entorno escolar.

Este fenómeno, conocido en Japón como futoko ,
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