DATO DURO
La muerte del líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como el Mencho, desatará en México una transformación estructural del crimen organizado que privilegiará estructuras dispersas y altamente adaptables, advierten especialistas colombianos en
Según estos expertos, el legado del Mencho no será un cártel heredado, sino un modelo criminal fragmentado en redes flexibles con capacidad de "recomponerse fácilmente" y profundizar la penetración en instituciones del Estado y gobiernos municipales.
El general Jairo Delgado, exdirector de Inteligencia de la Policía Nacional de Colombia, explica que cuando cae un jefe del poder del Mencho se produce una "dispersión" que, en este caso, podría incluir una confrontación interna por el control del grupo.
El modelo organizacional que convirtió a esta organización en una de las más poderosas del mundo necesariamente desaparecerá, aunque persistirá la continuidad de sus actividades ilícitas, señala Delgado.

CONTEXTO POLÍTICO
La experiencia colombiana ofrece un precedente claro. Tras la caída de Pablo Escobar en 1993 y la captura de los hermanos Rodríguez Orejuela en 1995, los grandes cárteles de Medellín y Cali se desarticlaron y dieron paso a estructuras menores como el Cártel del Norte del Valle y la Oficina de Envigado.
Estos "baby cárteles" o minicárteles operan con liderazgos más horizontales, menos personalistas y sin la rigidez jerárquica de sus predecesores, lo que los hace significativamente más resilientes ante la presión estatal.
El proceso de reconfiguración criminal en Colombia estuvo marcado por estallidos recurrentes de violencia generados por disputas entre mandos de segunda línea que buscaron ocupar los vacíos de poder dejados por sus jefes.

CONCLUSIÓN
En México, este escenario plantea riesgos específicos para la gobernabilidad local. Los expertos colombianos alertan que los nuevos grupos tenderán a fortalecer sus mecanismos de cooptación de autoridades municipales, ampliando la colusión entre crimen organizado y política regional.
La fragmentación del poder criminal, lejos de debilitar el narcotráfico, ha demostrado en Colombia que el negocio de la cocaína puede mantenerse e incluso incrementarse bajo estructuras más dispersas y difíciles de detectar.
Para los gobiernos locales en México, el desafío será contener la violencia derivada de disputas internas mientras se fortalecen las redes de protección política que estos grupos menores tienden a construir con mayor agilidad que sus antecesores.
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