Este lunes miles de campesinos, obreros y transportistas descendieron desde El Alto hacia el centro de La Paz para exigir la renuncia del presidente Rodrigo Paz, en el inicio de la cuarta semana de protestas que ya dejan desabasto de combustible, alimentos y medicinas en al menos cuatro regiones del país.
Los manifestantes detonaron petardos y dinamitas al intentar rebasar el cordón policial que resguarda la plaza Murillo, sede del gobierno. La Policía respondió con gases lacrimógenos y alertó sobre civiles encapuchados con palos y posibles explosivos, según el diario La Razón.

En El Alto, vecinos bloquearon los accesos al Aeropuerto Internacional, impidiendo la entrada y salida de pasajeros. El bloqueo se suma a unos cincuenta cortes de carretera reportados en Oruro, Potosí y Cochabamba, lo que agravó la escasez de productos básicos. La crisis comenzó el 1.
º de mayo, cuando la Central Obrera Boliviana convocó a huelga indefinida contra la política económica liberal de Paz, la distribución de nafta adulterada que dañó miles de vehículos y la falta de aumentos salariales.

El mandatario, en funciones desde noviembre pasado, ofreció nuevamente diálogo en un acto en Sucre, pero descartó sentarse con sectores que “usen la violencia”. Advirtió que hará cumplir la Constitución “contra una minoría que pretende abusar”.
El domingo se suspendió una reunión prevista con sindicatos campesinos tras los enfrentamientos del sábado, mientras el gobierno intentaba abrir un corredor humanitario para ingresar alimentos, medicinas y combustible a las zonas cercadas.

Ante la presión, Paz anunció que reducirá a la mitad su salario y el de sus ministros como “gesto de esfuerzo compartido”, medida que no ha detenido las movilizaciones.
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