Dato duro
En 2019, Andy Torres recibió una solicitud que transformaría su trabajo: una amiga le pidió ayuda para cerrar un grupo donde se distribuían sus fotos íntimas. Al investigar, el experto en ciberseguridad descubrió que sus propios conocidos participaban en estas redes, compartiendo imágenes de parejas, compañeras de trabajo y conocidas sin consentimiento.
"Desconocía por completo este tipo de actividades. Un grupo de packs no era algo que identificaba porque el término no me era familiar", recordó Torres en entrevista con Animal Político. La revelación lo llevó a exponer a quienes participaban en esos espacios, muchos de ellos personas de su círculo cercano.

Lo que comenzó como un favor aislado se convirtió en labor permanente. Durante la pandemia de 2020, Torres —radicado en Oaxaca— empezó a recibir decenas de solicitudes de mujeres que requerían eliminar material filtrado por exparejas. La demanda creció exponencialmente: de tres o cuatro casos semanales pasó a 800 mensajes diarios.
Ante el volumen de trabajo, que incluía solicitudes del extranjero, Torres conformó el Colectivo DLR. La organización actualmente integra a 10 personas: su fundador y nueve mujeres que, tras ser auxiliadas en sus propios casos, se sumaron para apoyar a nuevas víctimas.

Contexto político
A seis años de su inicio, el colectivo reporta la inhabilitación de al menos 90 mil grupos y páginas dedicados a la distribución de contenido íntimo de mujeres. Torres destaca que en México no existe otra organización con esta función; las alternativas disponibles se limitan a asesoría legal y apoyo psicológico.
La labor ha generado consecuencias personales para el equipo. "Las amenazas se hicieron más como una costumbre", señaló Torres. Cada publicación que expone a los responsables provoca intentos de intimidación mediante mensajes directos.

Conclusión
Una frustración adicional proviene de la inacción gubernamental. El colectivo ha presentado pruebas de violencia digital y abuso de menores a autoridades locales y federales, sin obtener respuesta. "Hay un momento en el que es frustrante que borramos material, pero siguen apareciendo grupos", reconoció el especialista.
Pese a estos obstáculos, Torres mantiene la operación. Considera que, aunque el trabajo parezca cíclico, su ausencia empeoraría la situación de las víctimas. La organización continúa como la única iniciativa mexicana dedicada a la eliminación directa de este tipo de contenido en plataformas digitales.
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