El cometa 3I/ATLAS, tercer objeto confirmado que llegó de otro sistema estelar, dejará el entorno solar en semanas, pero sus imágenes y espectros quedarán para siempre en los repositorios abiertos de la NASA.
El telescopio ATLAS en Chile lo descubrió el 1 de julio de 2025, sin embargo revisar los datos públicos del satélite TESS reveló que el cuerpo ya había sido fotografiado en mayo del mismo año, lo que redujo la incertidumbre sobre su órbita.
La agencia centralizó las observaciones de más de una decena de misiones, entre ellas Hubble, TESS y el propio ATLAS, en el archivo MAST, accesible sin registro previo ni contraseña.

Kevin Murphy, director de datos científicos de la NASA, afirmó que esos archivos son “una mina de oro” para nuevos hallazgos, y destacó el caso de 3I/la corporación como ejemplo de lo que puede encontrarse cuando investigadores externos revisan la información.
En México, astrofísicos de UNAM, INAOE y CONACyT ya descargan los cubos de datos para medir la producción de gas y polvo del visitante, algo imposible de financiar con telescopios nacionales debido al costo del tiempo de observación en grandes instalaciones.

La composición química del cometa difiere de la de los originarios en la nube de Oort, lo que sugiere que el sistema estelar que lo expulsó tuvo condiciones distintas de formación planetaria; los espectros públicos permitirán validar o descartar modelos de formación de planetas rocosos en otras estrellas.
Además, al compartir los datos sin restricciones, la agencia evita demoras burocráticas que suelen retrasar la publicación de resultados en países con presupuestos limitados.

La disponibilidad inmediata también facilita que científicos mexicanos participen en publicaciones internacionales sin depender de alianzas formales con instituciones financiadas por la NASA.
Finalmente, el caso demuestra que la apertura de datos puede ser más decisiva que el acceso a nuevos instrumentos cuando se busca entender fenómenos que no se repetirán en décadas.
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