Cada 4 de mayo se conmemora el Día Internacional del Combatiente de Incendios Forestales, fecha que pone en primer plano a los brigadistas que, bajo altas temperaturas y humo denso, protegen bosques y selvas mexicanos.
Su labor se vuelve crítica durante la estación de estiaje, cuando la combinación de sequía y actividades humanas multiplica el riesgo de fuego.
La Comisión Nacional Forestal coordina la capacitación de brigadas, pero el número de efectivos y el equipamiento disponible nunca han sido abiertos, lo que impide saber si la cobertura es suficiente ante el aumento de eventos extremos.

Los incendios, advierte la dependencia, aceleran la pérdida de biodiversidad, contaminan el aire y dejan suelos más expuestos a la erosión. Especialistas reiteran que la prevención depende de acciones simples: evitar quemas sin control, no tirar colillas y reportar con rapidez cualquier foco.
La conmemoración también evidencia la ausencia de un registro público que cuantifique lesiones, fallecimientos o inversiones reales en protección forestal, información que permitiría evaluar si los elogios oficiales se traducen en mejores condiciones para quienes arriesgan la vida.
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