En Santa Marta, Colombia, inició la primera conferencia internacional dedicada a diseñar una hoja de ruta para abandonar el petróleo, el gas y el carbón. A diferencia de las COP, no se negociarán acuerdos vinculantes; servirá para intercambiar experiencias y coordinar salidas fiscales y laborales a la dependencia fósil. Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita rechazaron la invitación.
La cita llega cuando la guerra en Irán exhibe la volatilidad del precio del crudo y eleva el costo de la vida en economías latinoamericanas ligadas a las importaciones. A pesar de que en 2025 la región alcanzó 63 % de electricidad renovable, el volumen absoluto de combustibles fósiles que consume Chile, por ejemplo, es 29 % mayor que en 2020; la reducción de carbón fue compensada con más gas natural.
Chile gasta unos 12 mil millones de dólares anuales en importar fósiles, entre 3 % y 5 % de su PIB. El think tank Ember advierte que el cambio de matriz eléctrica no se traduce en menor uso de petróleo, gas o carbón, porque el crecimiento total de la demanda energética lo absorben esas mismas fuentes.

La región alberga potencias petroleras como Brasil, Colombia y Venezuela. México, por su parte, impulsa un plan para extraer gas mediante fracking, técnica que ha generado rechazo social por sus impactos ambientales. Brasil avanza en la explotación de crudo en la desembocadura del Amazonas, en tensión con comunidades indígenas.
Entre los temas del foro figuran mecanismos para reemplazar ingresos fiscales provenientes de hidrocarburos, proteger empleos que desaparecerían con la transición y canalizar fondos desde los países más contaminantes hacia los más vulnerables. Se prevé una declaración política el 29 de abril, aunque no será jurídicamente obligatoria.
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