Las organizaciones sanitarias han dejado de cuestionar si la inteligencia artificial tiene cabida en la atención médica. Ahora invierten en esta tecnología para mejorar la coordinación entre áreas, reducir fricciones operativas y fortalecer los resultados clínicos, según señala Jonathon Dreyer, director general de marketing de producto en
No obstante, existe una brecha visible entre la intención y la capacidad real de ejecución. Una encuesta global a 500 líderes sanitarios de siete países, encargada por la empresa tecnológica, revela que el 58% se considera listo para introducir agentes de IA en coordinación de atención y flujos administrativos. Casi todos los encuestados creen que estas iniciativas pueden generar impacto escalable.
El problema radica en la infraestructura de datos. El mismo estudio encontró que el 97% de los líderes informa que los silos de información ya afectan su capacidad para brindar atención oportuna. Cuando los datos críticos permanecen dispersos entre sistemas desconectados, los equipos dedican tiempo a reconciliar información en lugar de actuar sobre ella.
Esta fragmentación limita que la tecnología escale más allá de pilotos aislados. La inteligencia no llega de manera constante a las personas y momentos donde más importa, lo que dificulta convertir el impulso inicial en impacto sostenido a nivel institucional.

Alrededor del 62% de los encuestados identifica la tecnología heredada como fuente primaria de fragmentación. Se trata de infraestructuras envejecidas y sistemas clínicos, de imagen, operativos y administrativos que no fueron diseñados para interoperar entre sí.
Frente a este escenario, el fortalecimiento de una base de datos unificada y gobernada emerge como prioridad máxima. Un entorno así permite la interoperabilidad y facilita el flujo de información entre sistemas, lo que permite que la tecnología opere en real y soporte flujos de trabajo cotidianos en lugar de quedar confinada a proyectos piloto.
La conversación en el sector ha comenzado a cambiar: deja de centrarse en el entusiasmo por la novedad tecnológica para enfocarse en la preparación real de las instituciones. Sin esa base, advierten los especialistas, el potencial de mejora en la toma de decisiones y la coordinación entre equipos de atención quedará subutilizado.
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