Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, conocida como TSMC, compra herramientas de fabricación de chips a un ritmo que la propia industria habría considerado excesivo hace apenas año y medio. La demanda trimestral de estos equipos alcanzó aproximadamente 1,9 veces el nivel proyectado en diciembre de 2025, según reveló Cliff Hou, codirector adjunto de Operaciones, durante la conferencia SEMICON Taiwan 2026 el pasado 2 de septiembre.
La cifra expone una presión que trasciende una expansión ordinaria de capacidad. La empresa construye casi 20 fábricas de obleas de manera simultánea, cuando su ritmo habitual equivale a cuatro o cinco veces menos proyectos en periodos comparables. Trece de estas plantas se ubican en Taiwán; otras cinco o seis están distribuidas en ubicaciones internacionales.
Cada instalación requiere sistemas especializados de litografía, deposición, grabado e inspección antes de poder producir semiconductores avanzados. Sin embargo, la velocidad de construcción no garantiza que la capacidad llegue al mercado con la misma prisa.
La compañía identificó dos obstáculos principales: la escasez persistente de trabajadores de la construcción y las restricciones en el suministro y entrega de equipos. Ambos factores ralentizan una expansión que la firma considera indispensable para atender la demanda de los próximos años.

Los clientes vinculados con la inteligencia artificial continúan solicitando procesadores avanzados y componentes para cargas de trabajo cada vez más intensivas. Esta dinámica empuja a la empresa a elevar sus objetivos de producción y sus compromisos de inversión, aunque reconoce dificultades para convertir el gasto en capacidad operativa efectiva.
El objetivo de fabricar 180.000 obleas mensuales mediante su nodo de 3 nanómetros para finales de 2026 depende tanto de terminar las instalaciones como de recibir, instalar y calibrar la maquinaria que cada línea requiere.
La firma elevó su previsión de gasto de capital para 2026 a entre 60.000 y 64.000 millones de dólares. La cifra refleja una apuesta industrial cuyos resultados, sin embargo, quedan sujetos a variables que la propia compañía no controla directamente.
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