Según el Informe sobre Desarrollo Mundial 2026 del Banco Mundial, México es el segundo mayor exportador mundial de semiconductores, electrónicos y equipos para centros de datos. Sin embargo, solo el 20% de las empresas y gobiernos nacionales utilizan inteligencia artificial para mejorar sus procesos.
Esta situación sugiere que México podría repetir los riesgos del modelo de maquila, exportando tecnología sin desarrollar capacidades internas para la innovación. La vinculación entre centros de datos y transición energética es crucial, ya que la digitalización aumenta la demanda de electricidad.
En México, más de la mitad de la electricidad depende del gas natural importado de Estados Unidos, lo que implica vulnerabilidad a fluctuaciones de precios y posibles interrupciones. La operación de centros de datos requiere electricidad constante y transmisión de alta capacidad, lo que presiona la infraestructura eléctrica en áreas de nearshoring.

La demanda de agua para enfriar estos centros es significativa, con 16. 84 mil millones de litros usados en 2025 y proyecciones de 18. 76 mil millones para este año. Estados como Monterrey y Querétaro, con alto estrés hídrico, enfrentan desafíos en abastecimiento. Querétaro, en particular, alberga al menos 30 centros de datos y sufre estrés hídrico.
La expansión de la IA en México no solo implica inversiones y exportaciones, sino también la necesidad de considerar la adopción interna y respeto a los derechos humanos. La infraestructura que el país produce permite a otros países desarrollar y utilizar la IA, pero las empresas y instituciones locales obtienen pocos beneficios.
Además, el uso intensivo de energía y agua en medio de una crisis ambiental podría dejar a México con más zonas de sacrificio. La prioridad debe ser no solo construir infraestructura para la IA y centros de datos, sino también decidir cómo, dónde y para quién se utiliza.
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