La política energética mexicana enfrenta una contradicción notable en torno al gas natural. El gobierno de Claudia Sheinbaum busca reducir la dependencia del combustible proveniente de Estados Unidos, mientras que el sector privado invierte para que México sirva como plataforma de exportación de gas a Asia.
Esta dinámica representa una transformación significativa en el mapa energético de América del Norte. La secretaria de Energía, Luz Elena González, reveló que entre el 75% y el 80% del gas consumido en México proviene de Texas.

Como respuesta, el Plan de Soberanía Energética en Gas Natural busca incrementar la producción nacional y reducir la dependencia externa. Sin embargo, mientras México debate su producción de gas, el mercado global considera a México como un posible puente logístico para el gas regional hacia Asia. México cuenta con una capacidad de licuefacción de 38.

6 millones de toneladas anuales en proyectos en etapa de decisión final de inversión, lo que la coloca entre las carteras más grandes a nivel mundial. Con la suficiente inversión, México podría convertirse en un actor central en el comercio global de GNL.
La infraestructura para licuar, embarcar y transportar el gas es clave en el nuevo negocio del GNL, más allá de la producción de gas en sí. México no será protagonista por el gas que produce, sino por el que mueve.

La geografía juega un papel importante, ya que las restricciones del Canal de Panamá y las sequías han encarecido y retrasado el tránsito, lo que hace que el movimiento de gas a través de México sea más atractivo.
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