La pregunta de si la IA puede reducir semanas de postproducción en el cine y streaming ya se debate en Hollywood y otros lugares. Los deepfake en tiempo real permiten sustituir rostros y modificar escenas durante el rodaje, acelerando significativamente tareas que antes requerÃan horas de edición.
La palabra deepfake proviene de la combinación de 'deep learning' y 'fake', donde el aprendizaje profundo es una rama de la IA que utiliza redes neuronales para aprender de grandes volúmenes de datos. Los sistemas identifican patrones y pueden reproducir expresiones faciales y movimientos con precisión.
Para crear un deepfake, se recopilan imágenes y sonidos de la persona objetivo, se entrena un modelo de IA para imitar rasgos humanos y finalmente, la IA integra el rostro o voz en la escena original ajustando elementos como luz y movimiento para lograr realismo. En el cine, el uso profesional de deepfake comenzó en 2019 con herramientas avanzadas.

Se ha aplicado en áreas como el rejuvenecimiento o envejecimiento digital de actores, como en 'The Irishman', que recibió una nominación al Óscar por efectos visuales. Otra aplicación es la sincronización labial asistida, mejorando la experiencia del espectador al adaptar movimientos de labios al idioma doblado.
Sin embargo, el deepfake plantea dilemas éticos y laborales. La automatización mediante IA genera preocupación sobre el reemplazo de empleos humanos en la postproducción, aunque el factor humano sigue siendo clave para supervisar y corregir contenidos.
Fuera del ámbito cinematográfico, el deepfake se utiliza para crear contenidos manipulados sin consentimiento, incluso en estafas de internet.
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