Las políticas migratorias actuales están exacerbando la explotación de migrantes en rutas de tránsito, según denuncian los obispos de México y Guatemala. En su tercer encuentro, concluido recientemente, los agentes pastorales de la movilidad humana en la frontera entre ambos países destacaron la vulnerabilidad extrema de las personas y familias que migran, afectadas por pobreza y violencia.
El cardenal Álvaro Ramazzini Imeri y los obispos de varias diócesis señalan que las políticas migratorias, acuerdos multilaterales y decretos presidenciales amenazan el derecho humano a la migración, mientras que las redes de trata y extorsiones se fortalecen. Los migrantes son víctimas de secuestro, extorsión, violencia y trata, y a menudo son reclutados por grupos criminales.

A pesar de la presencia de tecnología biométrica en la frontera, la zona está controlada por violentos grupos, según los operadores. Las instituciones locales e internacionales responden de manera limitada o inexistente a la necesidad de garantizar el derecho a la protección internacional, negando y obstaculizando los procesos de regularización migratoria.

Los migrantes, una vez repatriados, se enfrentan a dificultades para reinserarse en sus comunidades de origen, especialmente los menores, debido a la rigidez de los programas educativos y la complejidad de los trámites administrativos. Los menores mexicanos se sienten extranjeros en su propia patria.

Los obispos llaman a los gobiernos a realizar un mayor esfuerzo de coordinación para contrarrestar políticas de odio y xenofobia, y a promover programas que favorezcan la.
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