Blair Hall with student concert taking place in foreground at Princeton University.
Princeton University eliminó la supervisión voluntaria en exámenes que regía desde 1893. El cambio responde a un aumento de trampas mediante inteligencia artificial que alumnos y profesores consideran ya generalizado. El decano Michael Gordin informó que estudiantes pidieron vigilancia porque temen ser señalados en redes si denuncian a compañeros.
Las denuncias anónimas, explica, dificultan investigar. La medida revierte el código de honor que permitía presentar pruebas sin docentes presentes y que los alumnos firmaban con la frase: «Juro mi honor a no haber violado el Código de Honor durante este examen». A partir de ahora los profesores permanecerán en salones y registrarán cualquier irregularidad.

La alumna Nadia Makuc afirma que la mayoría apoya la decisión porque reduce la presión de delatar. El periódico estudiantil encuestó a más de 500 de último año: 30% confesó haber hecho trampa y 48% supo de alguna infracción, pero menos del 1% presentó queja oficial.
Los casos formales que sí llegaron al comité superaron sesenta en el último año, aunque se cree que la cifra real es mayor. Estudiantes explican que con portátiles basta cambiar de ventana; en exámenes de papel basta esconder el móvil bajo el escritorio o ir al baño.

Las herramientas de IA generativa permiten obtener respuestas rápidas y difíciles de rastrear. El profesor de ética de la institución advierte que el fraude no solo compromete la calidad educativa, sino el desarrollo del pensamiento crítico de toda una generación.
Princeton se une a la creciente lista de universidades que reforzaron vigilancia ante el auge de deepfakes y software de redacción automática. El caso ilustra el dilema global que enfrentan escuelas y facultades por la normalización de la IA entre alumnos.
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