Por Francisco Corvalán 9 MAYO 2026 Las ministras vocera y exvocera de Gobierno, Mara Sedini y Camila Vallejo. MARIO TELLEZ Compartir Whatsapp LinkedIn Email Comentarios El fenómeno atraviesa gobiernos, ideologías y generaciones. Un análisis de más de cinco mil publicaciones sobre las últimas voceras de gobierno muestra que las ministras reciben altos niveles de negatividad en redes sociales y otras plataformas digitales, muchas veces asociados a aspectos personales, físicos o familiares más que a su desempeño político.
Académicas y especialistas advierten que la violencia digital se ha convertido en una de las principales barreras para la participación femenina en espacios de poder. En marzo, cuando Mara Sedini asumió la vocería de gobierno , una parte importante de la conversación digital que se generó en torno a ella no giró sobre anuncios oficiales, estrategias comunicacionales ni definiciones políticas. En redes sociales, comentarios sobre su apariencia física, su tono de voz, su forma de vestir o su capacidad para “aguantar la presión” comenzaron a multiplicarse con rapidez.
Algunos cuestionaban directamente su preparación; otros derivaban en burlas, ataques personales o descalificaciones abiertas. La escena no era nueva. Antes que Sedini, otras mujeres que ocuparon la vocería enfrentaron fenómenos similares. Desde Cecilia Pérez y Karla Rubilar hasta Camila Vallejo, debieron desenvolverse bajo un escrutinio donde la crítica política muchas veces se mezcló con hostilidad personal. Un estudio elaborado por Monitor Social, plataforma especializada en análisis social en tiempo real, midió ese fenómeno .

Para ello recopiló publicaciones de prensa digital y redes sociales sobre las cuatro últimas voceras: Cecilia Pérez, Karla Rubilar, Camila Vallejo y Mara Sedini. La metodología consideró todas las menciones registradas en Google News y publicaciones en , X, y durante los primeros 50 días de cada ministra en el cargo. A partir de modelos computacionales de procesamiento de lenguaje natural especializados en sentimientos, odio y agresividad, el estudio detectó diferencias relevantes entre las ministras. Pérez concentró la mayor proporción de publicaciones positivas: 21%. También registró el menor porcentaje de negatividad, con 16%.
En el otro extremo apareció Sedini, con apenas 5% de publicaciones positivas y 52% de textos negativos. Rubilar alcanzó 47% de negatividad y Vallejo, 38%. Santiago 18 de marzo 2026. La ministra vocera de gobierno, Mara Sedini, realiza un punto de prensa en el Palacio de La Moneda. DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE “El nivel de sentimiento negativo que tiene Sedini resalta no solo porque es mayor que el de todas las voceras mujeres de los últimos ocho años, sino porque supera incluso el sentimiento negativo generado por Rubilar en sus primeros 50 días, que comenzaron apenas 10 días después del estallido social”, dice Pablo Beytía, director de Monitor Social.

En tal sentido, el análisis revela que las principales críticas a Sedini sobre apariencia física, vestimenta y vida personal apuntan a su elección de vestuario en actos oficiales, comparaciones despectivas o exigencias de mayor cuidado personal, con comparaciones directas con su antecesora Vallejo. Hay, además, ataques a la apariencia física y estética, e invasiones a su vida personal. El estudio distingue, de modo general entre todas las personeras, distintos niveles de hostilidad. Mientras el “sentimiento negativo” refiere a desaprobación, frustración o crítica, los indicadores de “odio” y “agresividad” buscan detectar formas más extremas de comunicación.
Rubilar encabezó ambas métricas: 3,82% de odio y 1,79% de agresividad. En el caso de Sedini, el monitoreo mostró que la negatividad se mantuvo alta de manera constante durante sus primeras semanas. Entre marzo y abril, el sentimiento negativo osciló entre 35% y 54%, mientras odio y agresividad estuvieron bajo el 3%.

Para Monitor Social, la evolución de la negatividad hacia Sedini tiene tres etapas: cuestionamientos iniciales con una burla ciudadana suave, sin contenido de fondo; un siguiente paso en que el sistema político la empieza a criticar desde dentro; y un tercero con una crítica ya asentada en la opinión publica con evidencia en su baja aprobación en Cadem o imitaciones de humoristas. Foto: referencial. La pregunta que emerge es si esa hostilidad responde únicamente a la polarización política o si existe un componente de género que atraviesa el fenómeno.
Para Julieta Suárez-Cao, académica de la UC e investigadora del Núcleo Milenio Crispol, la violencia digital contra mujeres en política forma parte de algo más amplio: la violencia política en razón de género. Suárez-Cao sostiene que existe una diferencia fundamental entre la crítica política legítima y el hostigamiento basado en estereotipos. “Las mujeres pueden hacer mal su trabajo y, por supuesto, se las puede criticar igual que a los hombres. El problema es cuando se les cuestiona por cosas que jamás serían utilizadas contra un hombre” , dice. Ahí aparecen preguntas o comentarios sobre maternidad, apariencia, ropa o vida privada.
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