Durante décadas, China le puso un alto brutal a la natalidad: multas millonarias, abortos forzados y esterilizaciones eran parte del menú. Hoy, el panorama cambió por completo: ya no castigan a quienes tienen hijos, ahora ruegan porque los tengan… aunque con billetes que no alcanzan ni para el kinder.

Zane Li lo vivió en carne propia. Cuando su familia tuvo un segundo hijo, el gobierno les soltó un multón de 100,000 yuanes, que los dejó endeudados por años. “Apenas sobrevivíamos”, recuerda. Hoy, con 25 años, ni se le pasa por la cabeza tener hijos. Y como él, miles.
Para intentar revertir esta crisis demográfica, el gobierno lanzó un subsidio de 3,600 yuanes anuales por cada hijo menor de tres años, válido desde enero de 2025. Pero la realidad es dura: criar a un niño hasta los 18 años cuesta seis veces más, lo que vuelve esta ayuda casi simbólica.
Ciudades como Shanghái y Beijing tienen costos por encima del millón de yuanes, y eso hace que la juventud se lo piense dos veces antes de tener familia. Muchos ya ni creen que esforzarse garantice una vida mejor: precios de vivienda imposibles, jornadas laborales eternas y oportunidades laborales que dependen más de a quién conoces que de lo que estudiaste.

Gente como Gao, criada escondida por ser hija “no autorizada”, tampoco quiere repetir la historia. “No quiero traer a un hijo a este mundo si solo va a sufrir lo mismo que yo”, dice. Y Zhao, que vivió bajo la presión académica desde niña, afirma que no piensa tener hijos solo para cumplir con una expectativa social: “Inviertes demasiado y no recibes casi nada”.
Las mujeres, además, siguen cargando con la mayor parte de la responsabilidad. Y aunque el gobierno intenta volver a modelos tradicionales, muchas ya no están dispuestas a ceder: quieren igualdad, trabajos flexibles, protección laboral y baja por paternidad. Sin eso, dicen los expertos, no hay plan de natalidad que funcione.


