El aumento de trámites y servicios en línea abrió la puerta a estafadores que usan inteligencia artificial para clonar voces, rostros y mensajes de instituciones reales. El estudio “Prevención del fraude en la era digital” de Experian calcula que las pérdidas en América Latina ya superan los US$350 mil millones. Javier Rojas, consultor de preventa en Experian Chile, advierte que la manipulación emocional es ahora el recurso principal: cuando los atacantes combinan datos personales con comunicaciones aparentemente legítimas, incluso usuarios experimentados dudan.
Los casos siguen un patrón visible: mensajes que citan datos reales del destinatario, supuestas alertas de bloqueo de cuenta, insistencia en transferir dinero o entregar claves, y presión para actuar sin consultar. La clave del engaño es que la víctima reaccione antes de verificar.

En este escenario, la educación digital deja de ser un plus para convertirse en un derecho ciudadano. Comprender cómo verificar la autenticidad de un mensaje, identificar solicitudes inusuales y usar canales oficiales de consulta es la única forma de reducir el riesgo sin depender exclusivamente de la plataforma o del banco.

Las recomendaciones reiteradas por especialistas son simples y aplicables desde cualquier celular: desconfiar de llamadas o SMS que pidan datos sensibles, recordar que ninguna institución financiera solicita claves por WhatsApp o correo, cortar la comunicación cuando hay urgencia, y revisar extractos bancarios con regularidad.

La velocidad con la que se expanden los deepfakes obliga a que la educación digital se enseñe ya en escuelas, plazas públicas y oficinas de gobierno. La alternativa es seguir multiplicando pérdidas que, en México, se traducen en ahorros destruidos y credibilidad en el sistema bancario debilitada.
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