El presidente Donald Trump recibió este martes al rey Carlos III y a la reina Camilla en la Casa Blanca, en una ceremonia que buscó restañar la relación bilateral tras las críticas del mandatario al primer ministro británico Keir Starmer por no sumarse a la operación militar contra Irán.
Trump calificó a los británicos como los “amigos más cercanos” de Estados Unidos, un giro retórico después de haber burlado a Starmer por “consultar con su equipo” y de compararlo desfavorablemente con Winston Churchill. El monarca estrechó manos con altos funcionarios en el Jardín Sur y más tarde sostuvo una reunión privada con Trump en el Despacho Oval.
Más tarde, Carlos III se convertirá en el primer rey británico en dirigirse al Congreso estadounidense desde 1991, cuando lo hizo Isabel II. El presidente elogió el “noble espíritu de los británicos” y calificó al rey como “un hombre muy elegante”, anticipando que su discurso parlamentario provocará “envidia” por su acento.
La visita ocurre pese a que Trump mantiene aranceles al Reino Unido y ha amenazado con imponer nuevos gravámenes si Londres no elimina el impuesto a servicios digitales que afecta a gigantes tecnológicos estadounidenses.

Además, el presidente ha desafiado la alianza transatlántica con su intención de anexionarse Groenlandia y con advertencias sobre abandonar la OTAN.
La Casa Blanca recurrió nuevamente a la monarquía como canal diplomático: en septiembre pasado, Trump ya había sido agasajado con una cena de Estado en Londres, donde afirmó que recibir ese honor era “uno de los mayores” de su vida.
El viaje del rey forma parte de una gira de cuatro días para conmemorar el 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos del Reino Unido. La iniciativa busca proyectar continuidad histórica pese a los desacuerdos contemporáneos sobre comercio y.
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