El cierre del estrecho de Ormuz lleva nueve semanas y la pérdida de oferta ya supera el millardo de barriles, el doble de lo que liberaron las reservas estratégicas tras el ataque de Washington e Israel a Irán el 28 de febrero. Los inventarios de emergencia se agotan y el ajuste llega ahora a consumidores finales. Operadores prevén que la demanda mundial de petróleo caerá este mes a su menor nivel en cinco años, según la Agencia Internacional de Energía.
Las plantas petroquímicas de Asia y Medio Oriente fueron las primeras en recortar operaciones por falta de crudo y gas licuado. El impacto se traslada ahora a Europa y Norteamérica: aerolíneas cancelan miles de vuelos y en Estados Unidos el galón de gasolina ya cuesta cuatro dólares, lo que empieza a reflejarse en menor consumo de gasolina y diésel.

"La destrucción de demanda ocurre lejos de los tableros de precios visibles", advirtió Saad Rahim, economista jefe de Trafigura Group, durante la Cumbre Global de Materias Primas en Lausana. "El ajuste ya empezó, pero si el cierre continúa se profundizará", agregó.
La reducción forzada del consumo ya no depende solo del mercado. Gobiernos preparan medidas para limitar el uso de combustibles ante la imposibilidad de reponer el 10% del crudo que dejó de llegar. La alternativa es dejar que los precios suban hasta volverlos inaccesibles, lo que aceleraría la recesión.

El riesgo sistémico se extiende más allá de la energía. El encarecimiento del petróleo encarece transporte y plásticos, y se trasladará a productos básicos que importa México. La refinería nacional depende de mezcla extranjera; si el suministro se reduce, podrían escasear gasolinas y elevarse subsidios federales que ya presionan las finanzas públicas.
Autoridades mexicanas no han informado si contemplan liberar parte de la reserva nacional ni cuánto durarían los inventarios ante un cierre prolongado. Tampoco han detallado planes de racionamiento o subsidios focalizados. La falta de transparencia impide evaluar el impacto fiscal y el costo que recaerá sobre los usuarios.

El escenario obliga a revisar el presupuesto 2026. Cada dólar adicional en el precio del crudo eleva el gasto en subsidios de gasolina y diésel, mientras menor actividad global reduce ingresos por exportaciones petroleras y remesas. Sin un plan claro, la crisis externa podría ampliar el déficit y recortar programas sociales.
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