La inteligencia artificial deja de ser solo una herramienta para convertirse también en fuente de contenidos que alimentan la opinión pública. Detectar quién escribe y con qué intereses cobra relevancia ante el auge de sitios como The Wire by Acutus, un portal lanzado a finales de 2025 que publica análisis sobre tecnología, ciencia, energía y
El periodista Tyler Johnston sometió los 94 artículos del medio a la aplicación Pangram, diseñada para señalar textos producidos por algoritmos. El resultado: 69 % fueron clasificados como generados completamente por IA y 28 % como parcialmente automatizados. Solo tres colaboraciones aparecen firmadas por humanos.
Los sistemas de detección no son infalibles. Expertos en procesamiento de lenguaje natural advierten que los falsos positivos y la variabilad de estilos pueden sesgar los porcentajes. Aun así, la proporción exhibe un patrón que invita a revisar el proceso editorial del sitio.

Además del origen de los textos, llama la atención la postura que adoptan. La mayoría ensalza el avance de la IA y califica de “radicalismo” las posturas que exigen mayor supervisión estatal. Varias columnas describen la regulación como freno a la innovación y sitúan a OpenAI como referente ético del sector.
Johnston rastreó la difusión de esos mensajes en la red social X y detectó que gran parte de los compartidos provienen de Patrick Hynes, presidente de la consultora Novus Public Affairs. Esa firma tiene contratos con Targeted Victory, empresa que ha gestionado cabildeo en Washington para aliviar la carga regulatoria sobre OpenAI.
La cadena sugiere un circuito: contenido favorable a la compañía, impulsado por actores con vínculos contractuales con ella, y presentado ante el público como periodismo independiente. Si se confirma, el caso ilustra cómo la IA puede escalar la producción de opinión alineada con intereses privados sin revelar la mano que paga.

Para los lectores, el escenario plantea dos riesgos: desinformación encubierta y concentración de la narrativa pública en torno a quienes ya dominan la infraestructura tecnológica. Ante la falta de transparencia, los análisis automatizados se vuelven una forma de auditoría ciudadana, aunque sus resultados deban contrastarse con otras fuentes.
La investigación no prueba que OpenAI financie directamente el portal, pero expone la fragilidad de los límites entre relaciones públicas y periodismo cuando los generadores de texto pueden firmar columnas en segundos. La comunidad tecnológica y los legisladores tendrán que decidir si ese flujo requiere reglas de revelación claras o si
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