La firma de correo de Mike Guzmán dice quién es: una cadena de ecuaciones sobre impulso específico y enfriamiento de oxígeno líquido con helio. El joven ingeniero, nacido en Nueva York en familia dominicana, trabaja en el Centro Espacial Kennedy como responsable de los sistemas de propulsión principales del cohete que por primera vez en más de 50 años llevará astronautas alrededor de la Luna.
Su camino comenzó en 2013 con una pasantía veraniega. En vez de conformarse, compró un libro de texto y construyó un cohete a escala en sus horas libres. Tres días después del lanzamiento de ese prototipo, la NASA le ofreció empleo. Desde entonces no se ha movido de la estación de Florida.

Guzmán estudió ingeniería mecánica en la Universidad Internacional de Florida y cursó la maestría en sistemas espaciales en el Instituto de Tecnología de Florida. En 2019 ingresó al equipo de Propulsión, primero encargado de los tanques y tuberías de hidrógeno líquido de la Plataforma 39B, y ahora de los motores principales del Sistema de Lanzamiento Espacial.

La misión Artemis II exige que el cohete funcione sin margen de error. Durante el ensayo general del 2 de febrero pasado, Guzmán estuvo en la Sala de Encendido de Motores 1 coordinando la carga completa de combustible y la cuenta regresiva simulada. El procedimiento valida tiempos, válvulas y sensores que el día real no pueden fallar.
El ingenio latino no es anecdótico en el proyecto: Guzmán forma parte del núcleo que decidirá si los cuatro motores RS-25 y los boosters se encienden correctamente, responsabilidad directa sobre la vida de la tripulación. Su ascenso demuestra que la NASA sigue apostando por talento joven sin importar origen.

Para él, las ecuaciones no terminan con la jornada. “Soy un gran nerd; hasta en mi tiempo libre veo conferencias de física”, resume. Mientras tanto, el cohete que alguna vez armó de cartón y tablas ahora se reproduce en acero y aluminio para devolver a humanos a la órbita lunar, y su firma sigue al pie de cada mensaje como recordatorio de que la pasión puede convertirse en propulsión.
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