La Embajada de Estados Unidos en México publicó el 8 de septiembre una serie de recomendaciones para actuar durante un sismo, lo que generó interrogantes en redes sociales sobre si la institución anticipaba un terremoto próximo. La publicación no constituye una alerta sísmica, sino un mensaje de carácter preventivo dirigido a ciudadanos estadounidenses que residen o visitan el país.
El momento de la difusión llamó la atención porque coincide con un mes de alta carga emocional para los mexicanos. Los terremotos de 1985 y 2017 ocurrieron en septiembre y quedaron grabados en la memoria colectiva. Cuando una institución extranjera emite una guía de este tipo precisamente en estas fechas, es comprensible que surjan especulaciones sobre información no revelada.
Sin embargo, no existe evidencia de que Estados Unidos esté pronosticando un sismo en territorio mexicano. El Servicio Sismológico Nacional ha señalado reiteradamente que no hay método científico capaz de determinar con anticipación la fecha, hora, lugar y magnitud de un temblor. La prevención permanece como la única herramienta disponible para reducir riesgos.

La guía de la representación diplomática plantea distintos escenarios según el lugar donde sorprenda el movimiento. El eje central de todas las recomendaciones es protegerse de inmediato y evitar desplazamientos innecesarios mientras ocurre el evento.
Para quienes se encuentren dentro de una vivienda, hotel u oficina, las instrucciones son quedarse adentro, no correr hacia la salida, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer, y buscar refugio bajo una mesa o mueble resistente. La postura sugerida es agacharse, cubrirse y sujétarse hasta que cese el movimiento.
El instinto de huir durante un temblor puede ser contraproducente. Correr mientras el edificio se mueve aumenta el riesgo de caídas o de recibir el impacto de elementos desprendidos, según advierte la misma guía.

Si el sismo ocurre mientras la persona duerme, la recomendación es permanecer en la cama, colocarse boca abajo y proteger la cabeza y el cuello con una almohada. La lógica es minimizar la exposición a vidrios, lámparas u otros objetos que puedan desprenderse durante los segundos que toma intentar levantarse.
Para quienes conducen al momento del sismo, la estrategia cambia: reducir la velocidad, detenerse a un lado de la carretera, activar el freno de mano y evitar detenerse bajo puentes, árboles, postes, edificios o cables eléctricos que puedan colapsar.
Las recomendaciones, aunque dirigidas a estadounidenses, son aplicables para cualquier persona en zonas de alta acti
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