La promesa de erradicar la corrupción fue uno de los pilares fundacionales de la llamada Cuarta Transformación y contribuyó al triunfo electoral de 2018. La propuesta de separar al poder público de prácticas de apropiación privada e impunidad resonó ampliamente en la ciudadanía.
Sin embargo, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre
Entre quienes identifican a las autoridades de

Estos porcentajes muestran que las entidades encargadas de hacer cumplir la ley son percibidas como autoridades atravesadas por malas prácticas. Quienes deben perseguir delitos, investigar responsabilidades e impartir justicia aparecen ante la población como actores que vulneran la normatividad.
Los datos permiten verificar una correlación directa entre percepción de corrupción y nivel de confianza. Las fuerzas armadas concentran la mayor confianza ciudadana: la Marina alcanza 89.5%, la Fuerza Aérea 88.9%, el Ejército 87% y la Guardia Nacional 79.4%. Coinciden también con las menores percepciones de corrupción.
En contraste, la policía de tránsito concentra la peor evaluación: 74.1% la considera corrupta y apenas 45.8% expresa alguna confianza. Las policías municipales y estatales muestran patrones similares de desconfianza vinculada a la percepción de irregularidades.

La relación se mantiene al comparar entidades federativas. Es especialmente intensa en policías de tránsito, ministerios públicos, fiscalías estatales y policías ministeriales. El patrón no es exclusivo del promedio nacional.
La erosión de la confianza ciudadana se vincula con ineficacia, abusos, impunidad y experiencias directas de maltrato institucional. La corrupción no puede reducirse a servidores públicos individuales desviados de su deber.
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