La NASA y sus socios europeos pusieron en órbita el satélite Sentinel 6B en noviembre pasado para mejorar los pronósticos de huracanes, proteger infraestructura y beneficiar al transporte marítimo. Actualmente, la nave vuela 30 segundos detrás de su antecesor, el Sentinel 6 Michael Freilich, y ambos conforman la misión Copernicus Sentinel 6/Jason CS.
Esta es la más reciente de una serie de misiones de altimetría por radar que monitorean los océanos desde principios de los noventa. Los dos satélites proporcionan mediciones precisas de la altura del nivel del mar durante un episodio de El Niño que los especialistas prevén histórico.

Josh Willis, científico del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, señaló que este evento tuvo desarrollo tardío. "No arrancó sino hasta mediados de año y apenas ahora está alcanzando una intensidad similar a la de 1997 y 2015", indicó. Agregó que ya está teniendo efectos importantes.
El fenómeno natural calienta las aguas del Pacífico y altera patrones meteorológicos mundiales. En condiciones normales, las aguas más cálidas se concentran en el Pacífico occidental. Durante El Niño, el debilitamiento de los vientos ecuatoriales propaga el calor hacia América del Sur.

Estos cambios térmicos desplazan la actividad de huracanes del Atlántico hacia el Pacífico. Los satélites permiten rastrear esas modificaciones con precisión y alimentar modelos predictivos.
Desde el 15 de julio, Sentinel 6B entrega datos de baja latencia para predicciones meteorológicas. Su integración en modelos de investigación aún está en proceso, pero los expertos anticipan que mejorará la precisión de alertas que pueden salvar vidas.

Los algoritmos de seguimiento de huracanes que utilizan estas misiones son empleados por agencias federales y estatales. Las predicciones derivadas activan operaciones de respuesta: desde colocación de sacos de arena hasta movilización de la Guardia Nacional y órdenes de evacuación.
La continuidad de estas misiones desde hace más de tres décadas permite a científicos comparar episodios actuales con registros previos y refinar proyecciones sobre intensificación de tormentas en contextos de calentamiento oceánico.
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