Los escándalos de corrupción en el gobierno de Morena se acumulan sin que el discurso oficial reconozca el problema, pese a que la promesa de erradicarla fue central desde 2018. Ana Paula Ordorica recupera una frase de una profesora del Colegio de México para describir la tolerancia histórica del país hacia el desvío de recursos públicos.
La autora distingue dos momentos. En el pasado, algunos funcionarios corruptos mantenían cierto interés en construir instituciones, atraer inversión y preservar cierto orden en las finanzas. Hoy observa personajes que se sirven del erario "como si no hubiera mañana", sin límites aparentes.

La superioridad moral anunciada como parte de la Cuarta Transformación se ha convertido, según el texto, en uno de sus activos más depreciados. El problema ya no es solo la cantidad desviada o los beneficiarios, sino la forma en que se administra el dinero de todos.
En ocho años, diversas iniciativas han pasado de ser ocurrencias a políticas públicas con financiamiento federal. Entre ellas se mencionan una megafarmacia, una aerolínea militar, una refinería con sobrecostos, un aeropuerto regional y el continuo rescate financiero a Pemex, cuyos problemas estructurales persisten.

El nuevo paquete presupuestal de la presidenta Sheinbaum descarta una reforma fiscal o nuevos impuestos, pero plantea reducir deducciones, lo que en la práctica aumenta la carga para quienes ya cumplen. Se mantienen los programas sociales, se reduce la inversión y la petrolera sigue absorbiendo recursos.
El texto cuestiona la lógica de exigir más a los empresarios —mediante cargas tributarias y nuevas obligaciones— mientras se espera que inviertan, generen empleos y compensen la falta de crecimiento. Las empresas no imprimen dinero, advierte la autora, y los impuestos los terminan pagando accionistas, trabajadores y consumidores.
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