El gobierno de Donald Trump impulsa una estrategia global para controlar el suministro mundial de petróleo y reducir la influencia de China como competidor económico. La administración estadounidense combina coacción arancelaria, confrontación militar y desregulación interna para rediseñar el mapa energético global.
El eje central de esta política es el acuerdo petrolero firmado a finales de agosto de 2026 con Venezuela, que Trump ha calificado como "el mayor acuerdo petrolero de la historia mundial". A través de un pacto con el Gobierno interino de Delcy Rodríguez, Estados Unidos obtuvo el control mayoritario de 17 yacimientos estratégicos venezolanos.
Estas concesiones abarcan más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas, equivalentes al 21,5% del crudo venezolano. La empresa North American Blue Energy Partners, propiedad de Alejandro Betancur, recibió derechos por 100 años y anunció una inversión de 100.000 millones de dólares para reconstruir la infraestructura petrolera del país.
Según los términos del acuerdo, parte de la participación de la empresa se cederá directamente a los Departamentos de Defensa y de Estado estadounidenses. Venezuela recibirá cerca de 19 dólares por barril vendido y unos 200.000 millones en regalías e impuestos durante los próximos 25 años. El crudo pesado se refinará en instalaciones de Texas especializadas en este tipo de petróleo.
Líderes de la oposición demócrata y analistas internacionales han cuestionado que la intervención militar que detuvo al entonces presidente Nicolás Maduro respondiera a objetivos democráticos. Señalan que la operación buscaba directamente el control de los recursos petroleros venezolanos.

La estrategia de la Casa Blanca no se limita a Venezuela. También incluye presiones sobre Oriente Medio, Canadá y Groenlandia. Con estas acciones, la administración ha logrado influencia directa o indirecta sobre el 20% de la producción petrolera mundial.
Alexis Ortega, profesor de Finanzas de la EAE Business School, explicó a RTVE Noticias que Estados Unidos transformó radicalmente su posición energética desde las décadas de 1970 y 1980. El país pasó de depender fuertemente del crudo importado a convertirse en exportador neto.
Según el especialista, controlar el precio y el suministro de petróleo permite a Washington limitar el crecimiento de China y dominar la evolución de los precios globales. La meta declarada de la administración es alcanzar la "Era Dorada del Dominio Energético de EE.UU.", aplastando la influencia de los principales exportadores de crudo.
La relación petrolera con Canad
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