Dos años después de la ruptura del Cártel de Sinaloa, el mapa criminal mexicano muestra una transformación significativa. La guerra interna entre Los Chapitos y La Mayiza, desatada en septiembre de 2024, convirtió a Sinaloa en uno de los principales focos de violencia del país, con ataques a negocios, viviendas e infraestructura urbana.
Según el Gabinete de
Desde la oposición, el senador Ricardo Anaya, coordinador del PAN, cuestionó estas cifras y acusó al gobierno de "cambiar a los muertos de casilla", en referencia a presuntas manipulaciones estadísticas. La crítica surgió tras el informe de segundo año de gobierno de la mandataria.

Para Andrés Sumano, investigador del Colegio de la Frontera Norte, la disminución no obedece a una sola causa. En entrevista con EFE, señaló que confluyen la actuación gubernamental, cambios en el registro de muertes violentas y la reorganización del crimen organizado.
El especialista explicó que cuando se consolida un monopolio criminal, desaparece la competencia entre grupos, lo que naturalmente reduce los homicidios. Esta reorganización interna constituye uno de los factores clave para entender la actual dinámica de violencia.

La presión de Estados Unidos se ha intensificado en el mismo periodo. El embajador Ronald Johnson destacó la cooperación bilateral entre Sheinbaum y el presidente Donald Trump, con un mensaje directo a los cárteles: "Antes creían que cruzando fronteras se protegían. Hoy les decimos que no, no más".
Johnson informó que desde el inicio de la administración Trump en 2025, se ha acelerado la entrega de fugitivos buscados en México por delitos graves, incluyendo homicidio, tráfico de personas, tráfico de armas y abuso infantil.

La paradoja del momento actual es evidente: mientras Sinaloa permanece como zona de alta conflictividad con episodios de violencia visible —como la ola de ataques en Culiacán desatada por una noticia falsa sobre una supuesta captura—, el indicador nacional de homicidios muestra una tendencia a la baja que las autoridades atribuyen a su estrategia de
La consolidación de rivales, los golpes a estructuras delictivas y la presión bilateral configuran un escenario donde los grupos criminales optan por una violencia menos expuesta, aunque no necesariamente menos presente en el territorio.
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