El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció que su gobierno aplicará aranceles de represalia sobre aproximadamente 20,000 millones de dólares en bienes estadounidenses, en respuesta a las medidas comerciales impuestas por la administración de Donald Trump. La decisión marca un punto de inflexión en una de las relaciones bilaterales más cercanas del mundo.
Carney afirmó que cuatro décadas de integración económica han generado una dependencia excesiva de Canadá hacia Estados Unidos. "En demasiadas áreas, querían dependencia, no una verdadera asociación económica", señaló en un mensaje pregrabado donde expuso la estrategia de su gobierno para resistir la guerra comercial.

El líder canadiense reconoció que las represalias comerciales causarán dolor a corto plazo, pero argumentó que impulsarán la inversión, la infraestructura y la diversificación del comercio. "El cambio será costoso, pero quedarse inmóvil costaría más", advirtió.
Más del 70% de las exportaciones canadienses aún se dirigen a Estados Unidos, lo que evidencia la magnitud del desafío que enfrenta Ottawa. Carney, sin embargo, aseguró que las exportaciones hacia otros mercados crecen con fuerza y podrían duplicarse durante la próxima década.

En paralelo a las medidas arancelarias, el gobierno canadiense acelera su acercamiento con la Unión Europea. Un funcionario familiarizado con las conversaciones indicó que se exploran vínculos que podrían quedar "apenas por debajo de la membresía".
Las opciones bajo análisis incluyen ampliar acuerdos existentes, negociar un nuevo tratado o crear mecanismos alternativos de cooperación. El mismo funcionario precisó que ya se consulta a provincias, territorios y grupos laborales sobre las posibles formas de una relación más profunda, aunque no se ha definido ningún modelo específico.

Carney tiene previsto viajar la próxima semana a Estrasburgo, Francia, donde asistirá al discurso sobre el Estado de la Unión Europea de Ursula von der Leyen el 16 de septiembre, y se dirigirá al Parlamento Europeo al día siguiente.
La ruptura comercial entre ambos países contrasta con la retórica previa de Trump, quien durante su primer mandato negoció y elogió repetidamente el acuerdo comercial de América del Norte, pero cuyos aranceles actuales violan dicho pacto.
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