El petróleo crudo cotiza por debajo de 91. 00 dólares tras avanzar 1.6% en una sola jornada, con un repunte de cerca de 10 dólares en nueve sesiones consecutivas. Sin embargo, el problema no es la extracción: el mundo tiene barriles disponibles, pero carece de infraestructura para transformarlos en combustibles útiles.
La refinería de Jizan de Saudi Aramco, con capacidad para 400.000 barriles diarios en la costa del mar Rojo, sufrió un nuevo ataque el lunes según reportó el Financial Times. La planta ya había sido blanco en julio y en agosto pasado, cuando las operaciones se interrumpieron brevemente. La empresa evalúa daños y no ha emitido comentarios oficiales.
Las tensiones en Medio Oriente escalaban ya desde el fin de semana, cuando Estados Unidos atacó embarcaciones iraníes. Teherán respondió preparando la declaración de una zona de navegación restringida en el Golfo, con un corredor propio a través del Estrecho de Ormuz. El tránsito de buques de materias primas cayó a su nivel más bajo desde mayo.
Estas son historias de transporte y refinado, no de producción. El Estrecho de Ormuz mueve barriles que ya existen; la refinería atacada los transforma en productos consumibles. La distinción es central para entender la crisis actual.

Los inventarios comerciales de crudo en Estados Unidos se ubican apenas 1% por encima de su promedio quinquenal. En contraste, los de destilados —diésel y combustible para calefacción— están 14% por debajo del promedio, alcanzando en agosto el nivel estacional más bajo registrado por la Administración de Información Energética desde 1951.
La gasolina, que sale de las mismas refinerías, registra existencias 17% por debajo de su récord. El diferencial del diésel en el puerto de Nueva York llegó a 107 dólares por barril el 1 de septiembre, contra los 60-70 dólares de junio de 2022. El diésel minorista marcó máximo histórico de 5.85 dólares por galón.
El barril cuesta menos que en 2022, pero el combustible final es más caro. Esta divergencia apunta a escasez de capacidad de refinado, no de suministro de crudo. El último reporte de inventarios complicó ambas lecturas: las existencias de crudo cayeron 4.45 millones de barriles, cuatro veces lo esperado, mientras los destilados subieron 0.796 millones cuando se anticipaba una caída de 1.3 millones.
La OPEP+ dejó sin cambios la producción de octubre tras seis meses de aumentos consecutivos. El grupo había dedicado ese semestre a revertir recortes previos en un mercado que, según sus propios cálculos, mantenía margen suficiente. La decisión de congelar ahora sugiere que los pro
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