En el centro de Juchitán, Oaxaca, Griselda y alrededor de veinte cocineras tradicionales continúan trabajando en las mismas condiciones desde hace nueve años. El sismo del 7 de septiembre de 2017 destruyó su mercado y, pese a múltiples promesas, la reconstrucción no ha llegado.
Las fonderas comenzaron vendiendo en el parque Heliodoro Charis Castro durante tres años. Luego las trasladaron a un espacio céntrico y finalmente regresaron al sitio original, sin edificarse. Tuvieron que comprar telas y lonas para protegerse del sol y la lluvia.
El techo actual es de lámina y el piso permanece de tierra. Las cocineras consideran indignas estas condiciones, pero se niegan a moverse hasta contar con un espacio seguro. Griselda señala que el lugar representa más que un punto de venta: es el hogar de tres generaciones de mujeres dedicadas a la cocina tradicional.
El gobernador Salomón Jara Cruz y funcionarios del gobierno federal han ofrecido habilitar otro espacio para la venta de alimentos. Sin embargo, las cocineras afirman que solo han recibido promesas incumplidas. Hace meses, personal del INAH y de los gobiernos federal y estatal solicitó que se retiraran para realizar un estudio de suelo. Las trabajadoras no accedieron ante la falta de garantías.

A pesar del calor intenso y las precarias instalaciones, el negocio continúa. Los clientes llegan por el molito de maíz de cerdo, el de camarón, las garnachas, el mole con pollo, el caldo de pollo y las enchiladas de mole negro. Los guisos atraen tanto a habitantes de Juchitán como a visitantes de pueblos vecinos.
El terremoto de 2017 causó daño total en 36 mil 826 viviendas de Oaxaca y daño parcial en 26 mil 808 más. Dejó 93 muertos en el estado, 39 de ellos solo en Juchitán. Griselda recuerda la noche del desastre: le avisaron que el mercado había caído, pero no imaginó la magnitud. Al llegar y confirmar la destrucción, las cocineras se abrazaron y lloraron. Ella había comprado carbón y refrescos para el día siguiente; todo quedó perdido.
Las secuelas emocionales persisten. Griselda afirma que estas experiencias no se olvidan y que el dolor se renueva cada año que pasa sin solución.
Desde hace año y medio, las fonderas enfrentan una dificultad adicional. La violencia se ha incrementado en la región con crímenes, asaltos y robos que complican aún más la situación de las comerciantes.
Etiquetas: Oaxaca, Juchitán, sismo 2017, cocineras tradicionales, reconstrucción pendiente, mercado, Salomón Jara, violencia
