La explosión de pirotecnia ocurrida durante una fiesta patronal en Santa María Canchesdá, comunidad del municipio de Temascalcingo, Estado de México, dejó al menos 10 personas muertas y 64 lesionadas. El incidente pone en evidencia las condiciones de riesgo en las que se desarrollan festividades en espacios públicos.
El siniestro tuvo lugar en la explanada de la iglesia local, donde se concentraban los asistentes a los festejos. Según Protección Civil estatal, el material pirotécnico que estalló se encontraba almacenado en un inmueble colindante con la parroquia, una ubicación que resultó crítica para la magnitud de los daños.

La onda expansiva provocó el desplome de la estructura del inmueble donde se guardaba la pirotecnia, así como el colapso de una sección de la barda perimetral de la iglesia. Ambas estructuras cayeron sobre las personas que se encontraban en la explanada, dejando a algunas atrapadas entre los escombros.
El balance preliminar indica que al menos ocho personas fallecieron en el lugar de los hechos. Los lesionados fueron canalizados a hospitales de Temascalcingo y Atlacomulco, lo que revela la dependencia de servicios médicos en

Al sitio arribaron elementos de Protección Civil del propio municipio y de localidades vecinas, además de paramédicos de la Cruz Roja y del Servicio de Urgencias del Estado de México. Las labores de rescate demandaron la coordinación de diversas corporaciones para atender a los afectados.
La tragedia plantea interrogantes sobre la supervisión del almacenamiento de material pirotécnico en zonas habitadas y la resistencia estructural de edificaciones cercanas a puntos de alta concentración de personas. La proximidad del depósito a la iglesia y la explanada resultó un factor agravante que transformó un accidente en una catá
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