La transformación del mercado inmobiliario mexicano no se explica únicamente por el nearshoring o el crecimiento industrial. Detrás de estos fenómenos opera un proceso menos visible: la reconfiguración de portafolios institucionales que está cambiando quién controla los activos del país.
En los últimos dos años, operaciones como la adquisición de Terrafina por Fibra Prologis y la compra de Fibra Macquarie por Fibra Monterrey aceleraron la especialización de las FIBRAs. Estas vehículos bursátiles concentran ahora sus inversiones en segmentos específicos, lo que obliga a diversos activos a cambiar de manos.

Este movimiento abre oportunidades para inversionistas con horizontes distintos a los de los grandes fondos. Grupo Inmobiliario Zayat, activo desde hace más de una década, ha participado en varias operaciones recientes: adquirió los edificios corporativos Prometeo en Monterrey y Redwood en Guadalajara, además del inmueble ocupado por HP en Santa Fe, Ciudad de México.
La venta de Torre Redwood fue anunciada por Fibra Monterrey como parte de su estrategia para fortalecer su exposición al segmento industrial. Zayat también avanza con proyectos industriales y logísticos en distintos mercados nacionales.

Guillermo Sepúlveda, director de inversiones de la firma, señala que su estrategia consiste en evaluar activos desde una perspectiva patrimonial de largo plazo, privilegiando la generación de flujo y la calidad inmobiliaria por encima de tendencias de corto plazo.
La incertidumbre económica pausa las decisiones de muchos participantes. Según Sepúlveda, su filosofía es aprovechar esta coyuntura para adquirir activos con buenos fundamentos. Sin embargo, este mismo de prisa por capitalizar oportunidades puede volver vulnerables a nuevos inversionistas.

Durante el primer trimestre de 2026, los servicios inmobiliarios y de alquiler aportaron más de 3.1 billones de pesos al Producto Interno Bruto. El mercado enfrenta simultáneamente cambios estructurales derivados del nearshoring, la relocalización de cadenas de suministro, la consolidación entre FIBRAs y la salida de fondos internacionales cuyos ciclos de inversión concluyeron.
Para los inversionistas patrimoniales, este entorno representa oportunidades con riesgos significativos. La velocidad de las transacciones, la complejidad de las estructuras de propiedad y la entrada de actores sin experiencia institucional crean condiciones propicias para fraudes, estafas y despojos.
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