Cada año se invierten miles de millones de euros en el desarrollo de nuevos medicamentos: 1 775 millones solo en España durante 2025. Sin embargo, cerca del 90 % de los candidatos terapéuticos nunca llegan a los pacientes, muchas veces por señales de toxicidad que emergen en etapas avanzadas de investigación.
La cardiotoxicidad representa uno de los efectos adversos más temidos. Ante la mínima sospecha de daño al corazón, un compuesto puede ser descartado después de años de trabajo y millones invertidos. El problema, según investigadores del grupo Potencia de células madre de RegenBell (IDIBELL) y el IMB-CNM-CSIC, podría estar en cómo se estudia ese órgano en el laboratorio.
Durante décadas, la investigación preclínica ha dependido de modelos animales y cultivos celulares simplificados. Estas herramientas, aunque útiles, presentan limitaciones serias: los animales no responden igual que los humanos, y muchos modelos celulares no capturan la complejidad del corazón.

En la mayoría de los modelos actuales para evaluar toxicidad, el análisis se concentra casi exclusivamente en los cardiomiocitos, las células que generan la contracción cardíaca. Pero el corazón es un ecosistema más complejo, donde también participan fibroblastos —que dan estructura— y células endoteliales, que recubren los vasos sanguíneos.
Estas últimas resultan especialmente relevantes porque, cuando un paciente toma un medicamento, este no contacta directamente con los cardiomiocitos. Primero circula por el sistema vascular, atraviesa barreras biológicas y recorre un camino que los modelos tradicionales no reproducen.
Las células endoteliales no son una pared pasiva. Regulan el intercambio de moléculas entre sangre y tejidos, emiten señales bioquímicas que influyen en células vecinas y participan en la respuesta ante agresiones externas. Diversos estudios sugieren que también ejercen funciones protectoras frente a ciertos daños cardíacos inducidos por fármacos.

Para probar estas hipótesis, el equipo desarrolló un corazón en chip: un dispositivo miniatura que integra ingeniería y biología. El modelo incorpora los tres tipos celulares principales —cardiomiocitos, fibroblastos y células endoteliales—, todos derivados de una misma línea de células madre.
Esta aproximación busca replicar con mayor fidelidad cómo los medicamentos llegan realmente al corazón y cómo responde el tejido. La diferencia entre incluir o no ese recorrido vascular puede parecer sutil, pero los investigadores señalan que resulta fundamental para entender la respuesta cardíaca real a un tratamiento.
El avance forma
Etiquetas: biotecnología, salud, investigación científica, medicamentos, cardiotoxicidad, células madre, España, Health Tech · Biotech, longevidad y bioética
