La Unión Europea contradice la versión del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, sobre los orígenes de la crisis migratoria en Ceuta. Según el informe del Servicio Europeo de Acción Exterior, no existen pruebas concluyentes de que actores estatales extranjeros desencadenaran el episodio que llevó hasta 8.000 personas a cruzar hacia la ciudad autónoma los días 30 y 31 de julio.
El portavoz de Asuntos Exteriores de la UE precisó que sí se observaron intentos de Rusia por explotar la situación en internet, aunque estas campañas comenzaron en los días posteriores al salto masivo, no antes. No mencionó a Israel en su declaración.
Sánchez había atribuido la avalancha a bulos difundidos por cuentas "asociadas tanto a Rusia como a Israel y a una internacional ultraderechista". En entrevista con Cadena Ser, afirmó que el propio SEAE había confirmado esta participación.
Sin embargo, el texto europeo distingue entre la desinformación posterior y la causa inmediata del éxodo. Detectó actividad de cuentas puntuales no vinculadas al gobierno israelí, pero nada que se equipare a una operación coordinada desde Moscú como detonante.

Bruselas ya había señalado a principios de agosto la presencia de canales de manipulación rusos instando a la reacción online desde el 30 de julio. Ahora matiza que esto no equivale a haber provocado la crisis misma.
La versión del Ejecutivo español exoneraba a Marruecos de responsabilidad directa en la apertura de la frontera. El informe comunitario no aborda este punto, pero tampoco respalda la narrativa de una injerencia extranjera como causa principal.
En Ceuta, el episodio ha generado tensiones sociales y polarización creciente, con posiciones enfrentadas respecto al conflicto palestino-israelí y a las políticas migratorias. La manipulación en redes añadió combustible a un ambiente ya tenso.

Rusia, por su parte, ha exigido a España pruebas concretas sobre su supuesta implicación en campañas de desinformación. El Kremlin niega las acusaciones del gobierno español.
El informe del SEAE no es público, por lo que la valoración depende de las declaraciones oficiales de la Comisión. La distancia entre lo dicho por Sánchez y lo confirmado por el portavoz europeo abre una brecha de interpretación sobre qué se detectó y cuándo.
La crisis de Ceuta vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de las fronteras europeas ante movimientos migratorios súbitos, y los límites de atribuir su origen a operaciones de influencia extranjera sin evidencias sólidas.
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