El Comité Intergremial de Petróleo y Gas presentó en Bogotá un informe que proyecta una crisis estructural en el suministro de gas natural colombiano. El estudio, elaborado por el Centro Regional de Estudios de Energía, estima que el país importaría el 98 por ciento de su consumo para 2045.
La transición sería acelerada: para 2035, según el documento, el 65 por ciento de la demanda interna ya dependería del exterior. La curva de agotamiento dejaría a Colombia en una situación de vulnerabilidad energética extrema en dos décadas.
El factor determinante es el tiempo de reservas. Las cantidades probadas actualmente alcanzarían para menos de seis años de producción continua. Esta ventana se acortaría aún más si no se reactiva la exploración de nuevos yacimientos.

El escenario colombiano enciende focos de atención para México, donde Pemex y la CFE enfrentan desafíos paralelos de abastecimiento y transición energética. La dependencia de combustibles fósiles importados representa un riesgo fiscal y de
En el caso mexicano, la política energética ha priorizado la refinación sobre la exploración de gas no convencional. La producción nacional de hidrocarburos lleva años de declive, aunque las reservas probadas mantienen aún un horizonte mayor al colombiano.
La comparación entre ambos mercados evidencia que la falta de inversión exploratoria tiene consecuencias matemáticas inevitables. Sin nuevos descubrimientos, cualquier país productor entra en una cuenta regresiva de autosuficiencia.

El informe no propone renunciar a la transición energética, pero sí señala que la velocidad del cambio debe calibrarse con la realidad de los recursos disponibles. Una transición rápida sin respaldo de reservas locales acelera la dependencia de importaciones.
Para México, la lección es inmedi
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