La suplantación de identidad ha emergido como una nueva táctica en el espionaje, afectando incluso a figuras de alto nivel como el primer ministro británico, Andy Burnham. Este último se vio involucrado en un intercambio con un individuo que se presentaba como Susie Wiles, la jefa de gabinete de la Casa Blanca.
El caso, revelado por Politico y detallado por The Cipher Brief, fue breve y aparentemente sin importancia, pero confirma la seriedad de esta amenaza. Burnham sospechó, dejó de responder y avisó a las autoridades correspondientes.
La embajada británica en Washington informó discretamente a la Casa Blanca, que aclaró que los dispositivos de Wiles no habían sido comprometidos. El FBI advirtió en el año pasado sobre la presencia de impostores que utilizan inteligencia artificial para suplantar a altos cargos.
Este fenómeno no se limita a los Estados Unidos ni al Reino Unido; ha habido casos similares con altos cargos republicanos y figuras empresariales. El Departamento de Estado también persiguió a un falso Marco Rubio que contactó a tres ministros de Exteriores.

Un caso emblemático ocurrió en Taipei, donde dos empresarios locales, Li Hualun y Chen Mengsen, registraron cuentas en LINE, una aplicación de mensajería ampliamente utilizada en Taiwán, vinculadas a números de teléfono taiwanés reales.
Estas cuentas fueron alquiladas a Xiamen Empress Information Technology, una empresa que investigadores taiwaneses relacionan con las fuerzas cibernéticas del Partido Comunista Chino. La tarifa por cuenta era de 1. 100 yuanes, unos 160 dólares, una fracción del costo de un exploit en una plataforma más grande.
Los operadores utilizaron estas cuentas para suplantar a periodistas y acercarse a funcionarios, como en el caso de uno que se presentó como Chen Yishan, director de la revista CommonWealth Magazine, y comenzó a cortejar a un asistente de un legislador.
Los investigadores descubrieron que los operadores trabajaban en sus objetivos durante meses, a veces cerca de un año, utilizando la confianza en una identidad que no vivimos ni verificamos en persona. Este método de suplantación no explota una red, sino la confianza en una identidad, lo que representa una amenaza significativa para la.
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