La Juntanza por la comida, desde el día cero del terremoto en Colombia | Grupo Animal La Juntanza por la comida, desde el día cero del terremoto en Colombia Gustavo Adolfo Vargas Ramírez · 24 de agosto de 2026 El lunes 10 de agosto, a las 5:45 de la mañana en Tijuana, recibí un mensaje de WhatsApp enviado por una amiga: “ Llama a tu familia. Acaba de temblar horrible ”. Acompañaba el texto una fotografía: cinco personas observaban la esquina de una calle donde se apilaban pedazos de concreto, madera, metales y ladrillos. Al fondo se veía la estructura tambaleante de un edificio a punto de colapsar , con ventanas y fierros colgando.
No logré identificar el lugar; parecía la escena posterior a una explosión. Le hice caso a mi amiga y llamé a mi mamá. Nadie respondió. Insistí varias veces, pero solo encontré el silencio impotente de la distancia. Edificios departamentales La Lorena. Foto: Especial Cuando vi el mensaje, en Pereira —la ciudad de mi niñez y juventud en Colombia— ya eran las 7:45. Dos horas de diferencia. Pensé que mi mamá estaría probablemente fuera de su departamento, en el centro de la ciudad. Pude hablar con ella tres horas después: la escuché asustada; lo importante es que estaba con vida.
Luego vino la cadena de preocupaciones familiares: verificar que todos estuvieran bien , buscar heridos, intentar ubicar a los tíos que no contestaban. Después, surgieron las preguntas por los amigos, sus familias, viviendas y animales de compañía . En redes sociales comenzaron a circular las imágenes de Pereira : los sitios icónicos caídos, el polvo filtrándose entre edificios, casas e iglesias como una bruma de película de terror. El peso inerte de los escombros en las esquinas, las fachadas agrietadas, las viviendas rurales destruidas, las personas heridas y la zozobra por quienes no aparecían y podían estar bajo las estructuras. Daño en iglesia.

Foto: Especial **** Aquel lunes 10 de agosto, un sismo de magnitud 7. 4 sacudió la región centro-occidente de Colombia . El epicentro se ubicó en San José del Palmar , en el departamento del Chocó, aunque la violencia del movimiento se extendió hacia el Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Quindío. Ciudades como Quibdó, Cali, Manizales, Armenia y Pereira sufrieron graves afectaciones.
De inmediato, tal como ocurrió en México en los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y 2017, la ciudadanía —con una aplastante presencia juvenil— interrumpió su rutina para transformarse en rescatistas, donantes, repartidores, coordinadores de acopio, cocineros y brigadistas de apoyo médico, psicológico y veterinario. Nadie se quedó a esperar la respuesta de los gobiernos locales ni del gobierno nacional, que había asumido el poder apenas tres días antes.

El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella , declaró en alocución pública que Dios “decidió presentarnos esta prueba tan difícil y, en su sabiduría, lo hizo precisamente el día en que comencé mi mandato”. . **** —“ Hay una resiliencia en Colombia ”, dice Diego Hoyos, con la certeza de quien reflexiona sobre esto hace tiempo. Seguramente la tenemos en todos los países latinos. Venimos de contextos que nos han exigido responder, y lo primero que hicimos tras el sismo, al confirmar que la familia estaba bien, fue actuar ante la emergencia. Cosa que la institución no hizo.
Estamos en Casa Abierta , un espacio cultural del centro de Pereira acondicionado como un lugar de acopio para la Red Juntanza Cultural , integrada por 40 colectivos de los que Diego forma parte. Es un lunes caluroso, a pesar de la noche. Han pasado varios días ya desde el terremoto. Viajé a Pereira lo antes posible, impulsado por las publicaciones que mis amigos subían a redes sociales . Reportaban daños, convocaban a donar víveres, medicinas y ropa , difundían alertas sobre animales perdidos o rescatados, denunciaban el abandono en las zonas rurales y en el Chocó, y promovían una resistencia que se replicaba en Manizales, Cali y Quibdó.

Las fotos y videos eran la evidencia, al igual que las coberturas de medios independientes como Baudó AP y las crónicas periodísticas de jóvenes como Sidssy . Según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres , en Colombia se registra un total de 321 personas fallecidas y 257 desaparecidas. En Pereira, las autoridades locales confirmaron el 19 de agosto un saldo de 99 fallecidas y 132 desaparecidas; cifras que cobran dimensiones desgarradoras cuando se camina por las calles y se observan los vacíos de lo que ya no está. “Esto nos sitúa ante la necesidad de entender nuestra nueva realidad ”, agrega Diego, de Casa Abierta.
“Tenemos la capacidad de transformar y transformarnos según lo exija la coyuntura. Por eso abrimos ollas comunitarias de manera casi instintiva en los puntos más afectados”. Olla comunitaria. Foto: Especial Las ollas se montaron sobre fogones de leña y de allí surgieron comedores y albergues . Uno de los más concurridos se instaló en el Parque Olaya Herrera . Para Diego, las ollas son “escenarios políticos” de acción inmediata, porque para alimentar a la gente no se pide permiso.
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