El gobierno de Estados Unidos, liderado por Donald Trump, ha lanzado una campaña financiera demoledora contra Teherán, prometiendo un 'Día D económico' contra Irán, un país que ha resistido casi cinco décadas de sanciones de Washington. El objetivo es obligar a los dirigentes iraníes a ceder ante las exigencias de poner fin a su programa nuclear y reabrir el estrecho de Ormuz a los petroleros y buques gaseros.
La guerra con Irán se ha vuelto cada vez más impopular y Trump enfrenta elecciones legislativas cruciales que determinarán si su Partido Republicano mantiene el control del Congreso. Por ello, el presidente está reorientando el poder de Estados Unidos para poner a Irán de rodillas mediante una campaña acelerada de sanciones.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha amenazado con sanciones secundarias a naciones y empresas que hagan negocios con la República Islámica. China e India, grandes compradores de petróleo iraní, podrían verse afectadas. Bessent advirtió: 'Es hora de que nuestros aliados y el resto del mundo tomen una decisión'.

Algunos expertos ven en esta estrategia 'aguas inexploradas' que podrían forzar a Irán a ceder. Richard Goldberg, quien coordinó los esfuerzos para ejercer presión diplomática sobre Irán durante el primer mandato de Trump, afirmó que los ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes, la guerra de este año y el bloqueo naval a sus puertos han creado la tormenta perfecta para una capitulación.
Goldberg, quien ahora trabaja en el centro de estudios conservador Foundation for Defense of Democracies en Washington, pidió cautela y humildad al admitir que se encuentran en aguas inexploradas. La estrategia busca cambiar de manera fundamental el futuro del mundo al provocar el final de este régimen.
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