Desde los pueblos de San Mateo y Jaramijó, en la costa del Pacífico ecuatoriano, pequeñas embarcaciones se dirigen a las aguas más profundas en busca de una buena pesca. Sin embargo, esta actividad cotidiana oculta los peligros que enfrentan los pescadores artesanales de Ecuador.
En tierra firme, los cárteles han convertido los pequeños puertos de la provincia de Manabí en un centro de narcotráfico, extorsionando a los pescadores locales por su destreza para la navegación. Les plantean una disyuntiva imposible: ganar más del salario básico de un año traficando drogas o enfrentarse a la extorsión, amenazas y violencia.
En alta mar, la violencia llega sin previo aviso con los ataques aéreos contra presuntos 'narcoterroristas'. El ejército estadounidense ha destruido 67 embarcaciones y ha causado la muerte de más de 220 personas desde septiembre del año pasado, como parte de la operación 'Lanza del sur'.
Estados Unidos se ha atribuido la responsabilidad de esas incursiones y muertes.
Otros ataques, que no ha reivindicado pero de características similares, involucraron a embarcaciones pesqueras de Manabí, según entrevistas de Reuters con tres sobrevivientes y una docena de testimonios recopilados por la organización local Comité Permanente de Derechos Humanos.

El pescador Simón Villacreses formaba parte de la tripulación de 16 personas del 'Negra Francisca Duarte II', que zarpó de Manta, la ciudad portuaria más grande de Manabí. El 17 de marzo, en alta mar, escucharon el zumbido de un dron justo antes de un ataque que provocó que el barco se incendiara.
Algunos tripulantes se lanzaron al Pacífico mientras que otros se subieron a dos lanchas a motor más pequeñas, según Villacreses y otros dos sobrevivientes. La tripulación se dirigió hacia lo que creía que era un atunero cercano, pero fue recibida por hombres armados que hablaban inglés y vestían uniformes militares, según su relato.
'Nos comenzaron a apuntar, nos subimos a bordo, nos encapucharon con las manos atrás maniatados', dijo a Reuters Villacreses, de 52 años de edad, quien sufrió una herida en la cabeza durante el ataque.
Luego fueron trasladados en alta mar a un buque de la Armada de El Salvador, que los llevó al país centroamericano, donde recibieron atención médica y fueron repatriados en vuelos comerciales, según los sobrevivientes y la organización de derechos humanos.
Una secuencia similar de acontecimientos se desarrolló nueve días después con otro ataque con drones a un barco llamado 'Don Maca', de la misma provincia. Al menos ocho pescadores de un tercer barco, el 'Fiorella', están desapare
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