El gobierno de Estados Unidos, bajo la dirección del presidente Donald Trump, ha lanzado una ofensiva terrestre contra los cárteles de narcotraficantes en Latinoamérica, complementando acciones ya en curso en aguas internacionales. Pete Hegseth, jefe del Pentágono, anunció en Panamá que se busca atacar a los narcotraficantes 'en tierra', similar a los bombardeos aéreos contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico. Esta iniciativa forma parte de una alianza de 19 países liderada por Trump, cuyo alcance podría extenderse a cualquier lugar donde operen grupos del narcotráfico.
Hegseth destacó que, a corto plazo, Estados Unidos espera implementar una 'capacidad operativa' similar a la vista en ataques a lanchas de droga en el Caribe y el Pacífico, pero en el terreno. Estados Unidos trabajará con países como Ecuador y Colombia para llevar la lucha a las organizaciones terroristas designadas (DTO) en tierra.

La Coalición Anticárteles de las Américas, que agrupa a países de derecha como Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Honduras y Perú, se ve reforzada con esta estrategia. Hegseth subrayó la seriedad de la advertencia a los cárteles, abarcando desde el tráfico de cocaína hasta el fentanilo en México, y considerando los restos de las guerrillas colombianas como 'objetivos legítimos'.

México, con presencia de poderosas organizaciones criminales, no se incluye en esta alianza. Hegseth defendió la letalidad de los ataques contra las supuestas narcolanchas, argumentando que destruir estas redes es una prioridad para el gobierno estadounidense, pese a las críticas de juristas y organizaciones de derechos humanos que consideran que pueden ser ejecuciones extrajudiciales.

La expansión de las operaciones contra el narcotráfico en Latinoamérica refleja la determinación de Estados Unidos de combatir este flagelo, utilizando todas las capacidades gubernamentales disponibles.
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