Vue éclatée d'un pack de batteries pour véhicule électrique, révélant ses trois couches constitutives : le couvercle supérieur (qui fait souvent office d'élément structurel du plancher), la matrice de cellules cylindriques assemblées en modules, et le plateau inférieur intégrant le châssis, les circuits de refroidissement et l'électronique de gestion (BMS) avec ses connecteurs Autor Martin Kenney Fecha 10 de agosto de 2026 guardar guardado Descargar pdf cargando Compartir Suscríbase para descargar este artículo en formato PDF → Suscríbase Se están produciendo dos poderosas revoluciones tecnológicas.
La primera tiene que ver con la inteligencia artificial y es objeto de una atención especialmente intensa por parte de la prensa. Algunos la presentan como el presagio de cambios masivos, o incluso de la sustitución de los seres humanos por una «superinteligencia». ¿Acaso no declaró Sundar Pichai, director general de Google, en 2018: «La IA es más trascendental que el fuego o la electricidad»? 1 La segunda, en cambio, suscita un interés mucho menor: se trata de un conjunto interconectado de tecnologías, que incluye la energía solar, las baterías y los vehículos eléctricos. A este conjunto lo denominaremos la «tríada de las tecnologías limpias» o TTL.
Su difusión y adopción permiten hoy en día sustituir a los combustibles fósiles. Será también esta tríada la que se convierta en la base energética de la economía política y la que tenga el mayor impacto en la vida de las poblaciones a escala mundial. De hecho, la TTL responde directamente a numerosos retos. Ya es una realidad y su adopción viene motivada por intereses económicos cada vez más evidentes. Por el contrario, el alcance y el impacto de la IA siguen siendo inciertos. Las revoluciones tecnológicas más decisivas para la sociedad sustentan lo que Carlota Pérez denomina un nuevo paradigma tecnoeconómico (PTE).

Un PTE se basa en un factor de producción clave, cuya tecnología debe reunir varias propiedades: ser barata y ver cómo su precio desciende continuamente; debe ser inagotable en un futuro previsible; debe tener aplicaciones variadas; y, por último, debe aumentar la productividad al tiempo que reduce el costo del capital y de la mano de obra. 2 A estos cuatro criterios hay que añadir otros dos: debe satisfacer necesidades fundamentales existentes o crear otras nuevas (por ejemplo, el teléfono móvil es hoy en día una necesidad que puede calificarse de «fundamental» en la mayor parte del mundo) y permitir que nuevas empresas se desarrollen y se conviertan en imprescindibles.
Los nuevos paradigmas tecnoeconómicos deberían tener un impacto en todos los aspectos de nuestra vida socioeconómica. Los tres últimos paradigmas tecnoeconómicos que hemos conocido son: la era del acero y la electricidad, la era del petróleo y los motores de combustión interna; y, más recientemente, la era de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). En este último caso, el semiconductor ha sido su «motor» principal, indispensable para el buen funcionamiento de las computadoras y del software que los hace útiles. Estados Unidos ha dominado estos tres períodos.

Aunque las empresas europeas y japonesas también ocuparon posiciones destacadas durante los dos primeros, en el ámbito de las TIC, Estados Unidos impuso, no obstante, su hegemonía. En 2026, siguen intentando preservar ese dominio mundial en los dos primeros paradigmas controlando la energía procedente de los combustibles fósiles y repeliendo la amenaza que ahora se cierne sobre su dominio en el tercer paradigma, impidiendo que China se haga con semiconductores, equipos de última generación y el software necesario para su producción. El objetivo es frenar su auge en el ámbito de la informática y, más concretamente, de la inteligencia artificial.
De hecho, China está poniendo en tela de juicio la superioridad estadounidense en la economía petrolera y en las tecnologías de punta relacionadas con los semiconductores: en el primer caso, a través de la tríada de las tecnologías limpias; en el segundo, mediante la implantación de una pila informática paralela.

Es posible que la tecnología en la que se base el próximo PTE no sea la IA, sino la TTL, que responde directamente a algunos de los «grandes retos» actuales: el cambio climático y la contaminación relacionados con el transporte y la calefacción, causados en gran medida por el uso de combustibles fósiles; el acceso a una energía más barata y sostenible, con el fin de satisfacer necesidades básicas como el acceso al agua potable, la producción de alimentos, las comunicaciones y el transporte. ¿La IA, la base del próximo PTE?
Ante este entusiasmo mundial —y, al parecer, inagotable— que despierta la IA y sus grandes modelos de lenguaje, es fundamental determinar si se trata únicamente de una herramienta o si representa algo aún más poderoso. Si se generaliza su uso, ¿podría la IA transformar la economía política mundial y dar lugar a un nuevo PTE?
Etiquetas: Tecnología, IA, Energía Solar, Baterías, Vehículos Eléctricos, Tecnología · IA general
