Los verdaderos riesgos no provienen de que la IA pueda rebelarse contra los humanos y los sustituya, destruya o esclavice, sino del desconocimiento acerca de cómo funciona esta tecnología, qué elegimos delegarle y de la falta de criterio, seguridad o ética al utilizarla, según una especialista que desactiva los temores irracionales a esta revolución tecnológica. Madrid, España, 1 ago (EFE).
– Mientras se informa acerca de los continuos avances e impactos positivos de la inteligencia artificial (IA) en infinidad de campos, numerosos científicos, políticos, economistas e incluso algunos impulsores de esta tecnología, advierten del riesgo de que la IA pueda eliminar decenas de millones de puestos de trabajo. Algunos vaticinan escenarios apocalípticos y extremos, en los que una IA con conciencia propia y enfocada en su propia supervivencia y evolución, escapa al control de los seres humanos, y llega a sustituirlos, destruirlos o esclavizarlos.
Y los propios desarrolladores admiten que, debido a la complejidad de esta tecnología que en algunos casos ya se programa a sí misma, no se conocen por completo el funcionamiento interno ni el proceso exacto que utilizan los algoritmos de algunos modelos de IA para tomar una decisión determinada o llegar a ciertas conclusiones. Del catastrofismo a los temores infundados Con todos estos pronósticos catastrofistas, que van calando poco a poco en el imaginario colectivo, no es raro que en muchas personas esté surgiendo un creciente temor a la inteligencia artificial, la denominada “IA fobia”, advierten los especialistas. Pero, ¿en qué medida están justificados esos temores?

¿Los vaticinios de que la IA pueda convertirse en una amenaza para la Humanidad, o una entidad fuera de control, reflejan posibilidades reales o son meras fantasía o teorías de ciencia ficción? “Los verdaderos riesgos y peligros vienen de la mano del desconocimiento, acerca de cómo funciona la IA, y también de utilizar esta tecnología sin criterio”, señala Manuela Delgado (Zaragoza, España, 1976), ingeniera, consultora en innovación y divulgadora tecnológica, especializada en inteligencia artificial.
Otros posibles riesgos de los sistemas inteligentes, en lo que se refiere a su uso por parte de gobiernos, empresas y organizaciones, provienen de la falta de seguridad y ética en su implantación, así como de aquello qué se decide delegarle a la máquina, de acuerdo con esta especialista. Implantación acelerada y paradoja social La IA ha pasado de ser un debate de círculos tecnológicos a convertirse en una infraestructura de nuestra cotidianidad, presente en productos de consumo masivo, herramientas que transforman el entorno laboral y algoritmos que moldean nuestras decisiones diarias, según esta experta, que profundiza en estas ideas en su libro “Los secretos de la IA”.

Delgado considera que la rapidez de este desembarco ha generado una paradoja social: nos movemos de forma errática entre la fascinación ciega y un pánico abstracto a ser sustituidos, convirtiéndonos a menudo en sujetos pasivos de una revolución que no comprendemos, según explica en una entrevista con EFE. Para esta experta, la tecnología tiene sentido si sirve para mejorar la vida de las personas, pero solo desde el conocimiento crítico de esta revolución tecnológica seremos capaces de usar la IA a favor de nuestros propios intereses, aprovechar su potencial y evitar situaciones de riesgo y vulnerabilidad sistémica, o convertirnos en maniquíes del algoritmo.
Las tres caras del riesgo institucional Para Delgado, el verdadero peligro institucional tiene tres caras: la opacidad (decisiones automatizadas que ni siquiera sus creadores pueden explicar del todo debido al complejo sistema en el que se basa esta tecnología); la velocidad de despliegue que va por delante de la regulación; y la concentración de poder en muy pocos actores que controlan la infraestructura de estos sistemas. Esta experta recalca que el riesgo real no es que la IA se rebele, considera: que estamos lejos de que eso suceda y señala que el riesgo se refleja en el hecho que la IA está tomando decisiones en distintos escenarios.

Según esta especialista existen casos documentados relacionados con estos riesgos, que no son hipótesis, son hechos reales. Buscando el equilibrio entre regulación e innovación Por ejemplo, el algoritmo Compas, usado en tribunales estadounidenses para predecir reincidencia, mostró sesgos raciales sistemáticos, mientras que un gigante mundial del comercio electrónico tuvo que retirar un sistema de selección de personal porque penalizaba los currículums de mujeres, señala Delgado a EFE.
Señala que, en España, una investigación de la Fundación Civio detectó errores y resultados incorrectos en el funcionamiento de Bosco, una aplicación informática utilizada por el Ministerio para la Transición Ecológica para comprobar si las personas solicitantes cumplían los requisitos del bono social eléctrico.
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