El avance de la inteligencia artificial (IA) está teniendo un impacto ambiental significativo a nivel global. Según un informe publicado en junio de 2026 por la Universidad de Naciones Unidas, el consumo de electricidad de la industria de la IA en 2025 fue de 448 teravatios, superando en 1.3 veces al consumo eléctrico de México. Este consumo triplica el de Argentina y es 40 veces la demanda eléctrica de países como Uruguay o Costa Rica.
Para 2030, se estima que la demanda energética de los centros de datos, donde se aloja la infraestructura de la IA, duplicará hasta 945 teravatios/hora de electricidad, equivalente al consumo total actual de todo el continente africano. Si la demanda de electricidad de la IA para ese año se considerara como un país, ocuparía el sexto lugar en el ránking mundial, detrás de Estados Unidos, China, India, Rusia y Japón.
El informe 'Costo ambiental del uso energético de la inteligencia artificial: huellas de carbono, agua y suelo', coordinado por Kaveh Madani, destaca que la huella hídrica asociada a la IA para 2030 será de 9.3 billones de litros de agua, equivalente a las necesidades básicas anuales de 1300 millones de personas en África subsahariana. Además, la apropiación de suelos para infraestructura se estima en 14,500 kilómetros cuadrados, 10 veces la superficie de la Ciudad de México.

La huella ambiental de la IA se ha subestimado sistemáticamente, ya que muchas evaluaciones se centran únicamente en las emisiones de carbono asociadas al entrenamiento y ejecución de grandes modelos de lenguaje, sin considerar la huella hídrica y de suelos. Cada kilovatio de electricidad utilizada conlleva una huella hídrica significativa, así como el uso de energía y la refrigeración que exigen los centros de datos.
Un problema adicional es que la huella energética, hídrica y de suelos no necesariamente se mueven en la misma dirección. Por ejemplo, cambiar de los combustibles fósiles a la bioenergía podría reducir la huella de carbono hasta un 70%, pero al mismo tiempo multiplicaría la huella de agua por 30 y la de suelo por cien. La transición a energías 'bajas en carbono' no garantiza una reducción en la huella hídrica ni en la huella de suelos.
El informe también señala que la extracción de recursos minerales y la producción de desechos electrónicos son otros impactos ambientales significativos, con más de 2.5 millones de toneladas métricas anuales. La IA, por lo tanto, representa un desafío global en términos de sostenibilidad y responsabilidad ambiental.
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