A partir del 1 de julio de 2026, América del Norte enfrenta la incertidumbre comercial a largo plazo. La falta de control institucional en el contrabando y la triangulación comercial con Asia han convertido el T-MEC en un punto de fricción constante.
Este día se marcará en la historia económica de la región como el inicio de la fragmentación de la certidumbre estructural.
Los gobiernos de México, Estados Unidos y Canadá iniciarán el proceso de revisión del T-MEC, que originalmente se proyectaba como una evaluación técnica para prolongar el pacto por 16 años, pero que ahora se ha convertido en un mecanismo de presión política.
Washington ha dejado claro que no concederá una renovación sin condiciones, y el acuerdo entrará en una dinámica de revisiones anuales. México se ha convertido en la puerta trasera para las importaciones y la influencia de China en el mercado estadounidense.

La Casa Blanca y los negociadores comerciales justifican esta postura por el fracaso en el control de las fronteras económicas de México. En la última década, el comercio entre México y China creció más de un 72%, superando los 129 mil millones de dólares al cierre de 2025. Sin embargo, este crecimiento oculta un desequilibrio logístico ilegal.
A pesar de los esfuerzos del gobierno mexicano por mitigar la presión estadounidense con decretos arancelarios, las medidas no han sido efectivas frente a la realidad de los puertos y aduanas. La impunidad en los puntos de entrada clave, como Manzanillo y Lázaro Cárdenas, es un problema central.
La colusión entre actores públicos y privados ha permitido la proliferación del 'huachicol chino', con mecanismos de subvaluación y esquemas de triangulación de origen. Este descontrol fronterizo ha llevado a los sindicatos y legisladores estadounidenses a considerar la revisión comercial como una cuestión de.
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