La simplificación regulatoria y la integración financiera son clave para impulsar la competitividad de Europa sin comprometer la estabilidad ni la protección al cliente. La Comisión Europea publicará a mediados de julio su visión sobre simplificación de regulación y supervisión financiera, así como sobre integración del mercado único bancario y de capitales. El objetivo último es contribuir a la ambición de Europa de ser un referente de dinamismo, progreso, innovación y competitividad.
Recientemente, las tres asociaciones bancarias españolas (AEB, CECA y UNACC) han elaborado, con la colaboración de EY, el informe “Banca para una Europa más Fuerte: simplificación, integración y competitividad” que aporta propuestas concretas a este debate, con el objetivo de ayudar a pasar del análisis a la acción. Destacamos a continuación algunas de las claves de este informe. En primer lugar, esta cuestión es material para Europa.
Las medidas propuestas en el informe tienen un impacto potencial agregado diferencialmente relevante para la economía española y europea: aumento de la capacidad de crédito de en torno a 2 billones de euros (por la superación de solapamientos en los requerimientos de capital) o aumento de hasta más de 3 billones de euros a largo plazo en el PIB europeo (derivado de la integración financiera por la culminación de la unión bancaria y del mercado de capitales). Es decir, éste no es un tema meramente técnico para especialistas en regulación financiera, sino que es relevante para el conjunto de Europa y su reto de competitividad.
En segundo lugar, también la economía real reivindica una regulación y supervisión financiera más eficiente. La competitividad bancaria no es solo una cuestión “de la banca, sobre la banca, para la banca”; es un pilar nuclear para la economía en su conjunto. Así lo demuestran las aportaciones al informe realizadas desde asociaciones empresariales como CEOE, CEPYME, SEOPAN, AESMIDE o la Asociación de Cooperativas Agrícolas que señalan como la economía real necesita que la banca este sometida a una regulación y supervisión eficientes.

Estas asociaciones también ponen en valor la importancia de contar con un sistema bancario diversificado en el que convivan distintos tipos y tamaños de entidades. Actualmente, hay una serie de obstáculos a la competitividad bancaria. La regulación financiera es, en palabras de la Autoridad Bancaria Europea, “robusta pero compleja” (con más de 90. 000 páginas en agregado o más de 10 requerimientos sobre estructura de capital). La supervisión es eficaz, pero mejorable en eficiencia. Las entidades bancarias deben interactuar con cerca de 30 interlocutores lo que dificulta una visión integral y coordinada.
Finalmente, la fragmentación del mercado único (por bloqueos de capital y liquidez, distintas interpretaciones normativas, falta de un fondo de garantía de depósitos único y de una integración efectiva del mercado de capitales) impide aprovechar las economías de escala y la dimensión del mercado europeo. Frente a estos obstáculos, el informe propone medidas concretas, con impacto y accionables -hasta 22- entre las que destacan: Inclusión de un objetivo explícito de competitividad y crecimiento dentro del mandato de las autoridades reguladoras y supervisoras, así como refuerzo de la rendición de cuentas.
Simplificación del marco de capital mediante una visión integral de los solapamientos. Simplificación del marco de supervisión para hacerlo más eficiente. Simplificación del proceso normativo europeo. Culminación de la integración financiera, completando la Unión Bancaria con un fondo de garantía de depósitos único (EDIS) y el desarrollo de la Unión de Mercados de Capitales. Aplicación efectiva del principio de proporcionalidad y materialidad. Simplificación del reporte regulatorio. Es esencial dejarlo claro: no se trata de desregular.

Las propuestas no pretenden reabrir los fundamentos del marco prudencial europeo ni reducir los objetivos de estabilidad financiera y protección del cliente. No se trata de hacer movimientos pendulares drásticos, pasando de la sobrerregulación a la desregulación, sino de encontrar el equilibrio virtuoso que permita un modelo regulador y supervisor que promueva la capacidad de la banca de dinamizar y activar la economía, la estabilidad financiera y la protección de los usuarios de sus servicios. Este ejercicio no debería ser un esfuerzo de una sola vez.
El objetivo es tender hacia un modelo basado en estabilidad, predictibilidad, coordinación y con foco en competitividad que debemos intentar preservar en el tiempo. De esta manera lograremos que marco regulatorio y supervisor mantenga la eficiencia a lo largo del tiempo y que no aparezcan nuevos elementos que fragmenten el mercado único. La eficiencia y la apuesta por la competitividad no es una acción puntual limitada a las necesidades de la coyuntura actual, es una necesidad estructural que debemos preservar en el largo plazo. Es el momento de la acción.
Existen numerosos diagnósticos, informes, análisis, propuestas e incluso consensos, pero los avances siguen siendo limitados, mientras otros actores (EE. UU.
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