Cada verano, la publicación del calendario de LaLiga es un evento esperado por los aficionados, quienes se interesan por los enfrentamientos de su equipo y las fechas de los clásicos. Sin embargo, la construcción de dicho calendario es un proceso que considera múltiples variables.
No se trata solo de una sucesión de partidos, sino de un equilibrio entre la programación de encuentros y diversos factores externos. Los clubes envían sus peticiones y restricciones, que incluyen obras en estadios, eventos previamente contratados y problemas de movilidad, entre otros.

LaLiga escucha estas peticiones y los calendarios modernos se confeccionan con estos condicionantes. La preocupación actual gira en torno a la opacidad del proceso. Tradicionalmente, se combinaba técnica y azar en la generación de múltiples calendarios válidos, de los cuales se seleccionaba uno al azar.

Sin embargo, desde la temporada pasada, se habla más de presentación que de sorteo, generando dudas sobre la existencia de un sorteo identificable o si el calendario se decide de manera técnica. La normativa en Primera y Segunda División, así como en Liga F, menciona específicamente el sorteo de emparejamientos y la coordinación del acto.
La falta de claridad en quién adopta la decisión final y los criterios utilizados para seleccionar el calendario definitivo es un punto crítico. Es fundamental conocer si el sorteo persiste, cómo se articula y quién lo supervisa, o si ha sido reemplazado por otro procedimiento que requiere justificación.

La transparencia en este proceso es clave para garantizar la legitimidad del calendario y la confianza de los clubes y aficionados.
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