En Estados Unidos, la Iglesia y los movimientos populares están tejiendo redes de fraternidad para enfrentar las deportaciones. Acompañar a migrantes ante el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE), alertar de redadas y repartir alimentos son algunas de las acciones que se están llevando a cabo.
La iniciativa se impulsa por comunidades cristianas y movimientos populares en California, quienes buscan que nadie enfrente el miedo, la detención o la expulsión solos.

El sacerdote y coordinador del Encuentro Mundial de Movimientos Populares (EMMP), Mattia Ferrari, y Luca Casarini, fundador de Mediterranea Saving Humans, están publicando textos sobre esta realidad en sus cuentas.
Ambos están en una misión en Estados Unidos junto a César Piscoya, asesor del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), con el objetivo de fortalecer la relación entre la Iglesia y los movimientos populares.

La delegación recorre ciudades estadounidenses buscando ayudar a los movimientos populares a encontrarse, a coordinarse y a caminar juntos, y a la Iglesia a acompañarlos.
El valle californiano de Coachella es una de las primeras paradas de la delegación, donde Ferrari encuentra comunidades de lucha, fe y amor integradas por trabajadores agrícolas, pueblos indígenas, personas migrantes y familias.

Casarini se detiene en Mecca, una localidad nacida en torno a las explotaciones agrícolas del desierto californiano, donde descubre una historia construida por generaciones de campesinos mexicanos. La delegación también participa en una asamblea en la comunidad purépecha de Mecca, donde la vida espiritual y la organización comunitaria son inseparables.
Allí se celebra la fe, se distribuyen responsabilidades, se organizan ayudas para las familias más vulnerables y se prepara la respuesta frente a las redadas migratorias.
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