En 1986, Hernán Ortiz Amor vivía en Las Alamedas, Atizapán de Zaragoza, y se trasladaba a Lomas Verdes, Naucalpan, para unirse a las celebraciones del Mundial de México. La mascota del evento, Pique, era el centro de la alegría colectiva. Con la victoria de México en los partidos, la gente salía a festejar, lo que reflejaba la pasión por el fútbol en el país.
El recuerdo de Ortiz Amor se centra en el Zona Azul de Lomas Verdes, un pequeño centro comercial que se convertía en un punto de encuentro para los aficionados. Allí, la gente agitaba banderas y cantaba, en medio de un ambiente de euforia. Sin embargo, en medio de la alegría, se escuchaban también frases despectivas hacia la esposa del presidente en ese tiempo, Paloma Cordero.

Años después, Ortiz Amor reflexiona sobre su juventud, donde se identificaba con ser el 'chico malo' de las películas de adolescentes. Hoy en día, su enfoque ha cambiado, y se ha convertido en un defensor de los derechos humanos, consciente de la importancia de la unión y la coordinación para enfrentar a las autoridades.

La realidad urbana de México se caracteriza por la desconexión entre diferentes puntos de la ciudad, como se observa en Ciudad Juárez, donde la falta de un sistema de transporte universitario impide el acceso a las clases. Esta desconexión refleja las disparidades y desafíos que enfrentan muchos habitantes de las ciudades mexicanas.

El recuerdo de Ortiz Amor nos lleva a reflexionar sobre cómo las emociones colectivas, tanto de alegría como de desafío, forman parte integral de la identidad y la lucha de los ciudadanos mexicanos. A través de sus experiencias, se aborda la complejidad de la vida en México, donde la pasión por el fútbol y la lucha por los derechos coexisten en un entorno urbano en constante cambio.
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